El Indicador de Confianza Empresarial (ICE) en el sector supermercadista ha experimentado una disminución del 6,2% en marzo, alcanzando niveles que no se observaban desde septiembre de 2025. Este descenso, publicado recientemente por el INDEC, ha generado alarmas entre los empresarios del rubro, quienes se encuentran preocupados por varios factores que impactan directamente en sus operaciones. Entre las principales inquietudes destacan una demanda que no logra satisfacer las expectativas del sector, un costo de financiamiento cada vez más elevado y la creciente competencia interna, que dificulta aún más el panorama.
La evaluación de la situación comercial actual en marzo muestra un escenario predominantemente negativo. Un 37,3% de los empresarios califican la situación como mala, mientras que el 57,3% la considera normal y únicamente un 5,3% tiene una visión positiva. Estas cifras reflejan un balance negativo de -32,0%, evidenciando que el mes pasado fue particularmente complicado para los supermercados y mayoristas, quienes enfrentan desafíos significativos para mantener su operatividad en un contexto económico adverso.
Los datos obtenidos revelan un panorama preocupante en cuanto a la intención de compra de los proveedores. Un 25,3% de ellos planea reducir sus adquisiciones, mientras que el 61,3% prevé mantener el volumen habitual. Sin embargo, un 25,3% se encuentra por debajo de lo esperado y solo un 13,3% tiene intenciones de aumentar sus pedidos. Este balance arroja un resultado negativo de -12%, lo que sugiere que la tendencia a la baja en la demanda podría continuar, afectando la cadena de suministro y, por ende, la disponibilidad de productos en las góndolas.
En cuanto a las expectativas sobre la evolución de la situación comercial en los próximos tres meses, las respuestas de los empresarios indican una cierta estabilidad, aunque con un leve sesgo optimista. Un 69,9% de los encuestados considera que su situación permanecerá igual, un 16% prevé una mejora y un 14,7% anticipa un empeoramiento. Esta percepción de estabilidad, aunque positiva en comparación con el panorama actual, refleja una falta de confianza generalizada en el crecimiento del sector, lo que puede tener implicaciones a largo plazo para la industria.
Respecto al volumen de pedidos que los supermercados y mayoristas planean realizar a sus proveedores, la mayoría opta por mantener o reducir sus compras. Un 74,7% de las empresas no tiene previsto variar su nivel de adquisiciones, mientras que el 24% planea disminuir sus pedidos y solo un 1,3% considera aumentarlos. Esta tendencia a la baja en las compras podría repercutir en la producción y en el empleo dentro del sector, generando un efecto dominó que afecte tanto a los proveedores como a los consumidores.
Finalmente, las expectativas sobre el empleo en el trimestre de abril a junio de 2026 reflejan una postura de estancamiento, con una clara tendencia a la disminución de la dotación de personal. Ninguno de los empresarios entrevistados prevé un incremento en los puestos de trabajo, mientras que un 76% planea mantener su plantilla actual y un 24% considera reducirla. Esta situación plantea interrogantes sobre el futuro del empleo en el sector supermercadista, evidenciando la necesidad de políticas que fomenten la recuperación y el crecimiento sostenible en un contexto económico desafiante.

