En la Basílica de Luján, el vocero presidencial Manuel Adorni y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, asistieron a una misa conmemorativa por el primer aniversario del fallecimiento de Jorge Bergoglio, conocido mundialmente como el Papa Francisco. Este evento, que se llevó a cabo el martes, reunió a diversas figuras del oficialismo tanto a nivel nacional como provincial. Cabe destacar que el presidente Javier Milei no estuvo presente, ya que se encontraba en Israel en ese momento.
La ceremonia fue presidida por el arzobispo de Mendoza y presidente del Episcopado, Marcelo Colombo, quien resaltó la importancia del legado del pontífice argentino en el ámbito religioso. La jornada tuvo como lema “memoria agradecida” y “compromiso misionero”, reflejando así el espíritu de unidad y gratitud que caracteriza la vida y obra de Francisco. La misa no solo fue un acto de recuerdo, sino también un llamado a la reflexión sobre los valores que promovió durante su papado.
Entre los asistentes se encontraban otros funcionarios importantes, como el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el jefe del bloque de La Libertad Avanza en Diputados, Gabriel Bornoroni. Aunque Kicillof y Adorni se sentaron en pasillos separados, intercambiaron saludos desde la distancia, una imagen que simboliza las tensiones políticas actuales. También estuvieron presentes varios ministros del gobierno provincial y el secretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo, quienes se unieron a este homenaje significativo.
Antes de la misa central, el gobernador Kicillof participó en el descubrimiento de un mural en honor al Papa en el Centro Cultural y Turístico Municipal “Ana de Matos”. Durante su visita, Kicillof recorrió una exposición fotográfica que retrata momentos importantes de la vida de Jorge Bergoglio, ofreciendo a los presentes una oportunidad para conectar con la historia del Papa y su impacto en la sociedad. Este acto previo a la misa demuestra el compromiso del gobernador con la memoria de Francisco y su legado.
En su discurso, Kicillof destacó la importancia de mantener vivos los ideales del Papa, enfatizando que no basta con recordarlo en ceremonias, sino que es fundamental poner en práctica sus enseñanzas. “No hay libertad sin justicia social”, afirmó, citando una de las máximas más representativas del pensamiento de Francisco. Este llamado a la acción resuena en un momento donde la polarización política se siente cada vez más fuerte en el país.
Kicillof también abordó la atmósfera de confrontación política actual, contrastando la figura de Francisco con lo que describió como “cultura de la cancelación”. Según el gobernador, el Papa encarnó la “cultura del encuentro”, promoviendo el diálogo y la paz en un mundo dividido. Además, recordó su propia visita al Vaticano, subrayando la necesidad de trabajar juntos por un futuro más armonioso. “Para honrar su memoria, debemos cuestionarnos continuamente sobre cómo podemos contribuir a la paz”, concluyó, dejando un mensaje claro sobre la urgencia de la unidad en tiempos difíciles.
La ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel en la misa también aportó un matiz político al evento. Aunque había sido invitada y su presencia era anticipada, decidió no asistir, argumentando que no podía permitir que un homenaje al Papa se convirtiera en un acto político. Desde su entorno, se comentó que Villarruel optó por rendir homenaje a Francisco en la Basílica María Auxiliadora, donde fue bautizado, el mismo día de la misa en Luján. Esta decisión ha suscitado diversas interpretaciones y discusiones sobre el papel de la religión en la política argentina, especialmente en un contexto donde la figura del Papa sigue siendo un referente moral y espiritual para muchos.
En conclusión, la misa en homenaje al Papa Francisco se convirtió en un espacio de reflexión y reafirmación de los valores que él promovió durante su vida. La participación de figuras del oficialismo, junto con las ausencias significativas, revelan la complejidad del panorama político argentino actual. A medida que el país se enfrenta a desafíos contemporáneos, el legado de Francisco sigue siendo un faro de esperanza y un llamado a la acción para construir un futuro más justo y solidario.



