María Inés Elena Viggiano, una mujer de 32 años oriunda de Lomas de Zamora, rememora con gran detalle el fatídico vuelo hacia Córdoba que tuvo lugar el 21 de agosto de 1999. En ese momento, trabajaba en una entidad bancaria y había decidido cambiar su itinerario a último momento, lo que la llevó a ocupar un asiento en la fila 19B de un Boeing 737-204C de la aerolínea LAPA. Con 97 pasajeros y cinco miembros de la tripulación a bordo, el avión intentó despegar desde el Aeropuerto Jorge Newbery, pero no lo logró.
El avión, en un giro inesperado, derrapó y se salió de la pista, atravesando la Avenida Costanera Norte y colisionando con un auto antes de frenar en un campo de golf cercano. La experiencia fue aterradora; mientras el caos se desataba, Inés se cubrió la cabeza y se aferró a su asiento, sin saber que se convertiría en una de las pocas sobrevivientes de lo que se considera una de las peores tragedias aéreas en la historia de Argentina.
A lo largo de los años, Inés ha reflexionado sobre cómo un simple cambio de asiento le salvó la vida. Desde ese día, su perspectiva sobre la vida se transformó; aprendió a valorar cada pequeño instante, como observar el sol o las nubes. A pesar del trauma y el estrés que ha experimentado desde entonces, su relato es un testimonio de resiliencia y de cómo, tras un evento tan devastador, se puede encontrar significado y gratitud en lo cotidiano.



