En el corazón del predio de Ezeiza, donde la selección argentina de fútbol se prepara para sus grandes desafíos, encontramos a una figura emblemática: Diego Iacovone. Con más de 25 años al servicio de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Iacovone se ha convertido en un referente no solo por sus habilidades culinarias, sino también por su cercanía con los jugadores y su capacidad para crear un ambiente de camaradería en cada asado. Su historia comienza en 1999, cuando, gracias a un contacto familiar, ingresó a la AFA en un momento en que el prestigioso Marcelo Bielsa dirigía el equipo mayor.

El primer encuentro de Iacovone con la selección fue en la Copa América de Paraguay, un torneo que, aunque recordado por la frustración de los penales fallidos, marcó el inicio de su larga trayectoria junto a los jugadores. Antes de unirse a la AFA, había trabajado en varios hoteles del norte argentino y en Buenos Aires, además de haber tenido una curiosa experiencia en la SIDE, donde preparaba comidas para diplomáticos. Todo este recorrido le brindó las herramientas necesarias para convertirse en el alma de la cocina de la selección.

A lo largo de los años, Diego se ha convertido en un personaje querido por todos, especialmente por los jugadores, quienes a menudo lo convocan para preguntarle qué delicias les prepara para cada comida. Esta relación cercana se ha intensificado con el tiempo, y se ha vuelto habitual ver a los futbolistas compartir momentos en torno a la parrilla, donde Iacovone se convierte en el maestro del fuego. Su carisma y su pasión por la cocina hacen que cada asado sea una celebración, un ritual que une al equipo.

La influencia de Iacovone se extiende más allá de la cocina. Sus asados son conocidos por ser una parte fundamental de la experiencia de los jugadores, quienes recuerdan con cariño los momentos compartidos en torno a la parrilla. Desde entrañas hasta achuras y cortes de carne de primera calidad, su menú es variado y siempre busca satisfacer los gustos de cada uno de los integrantes del seleccionado. En cada torneo, Iacovone se asegura de llevar los ingredientes necesarios para crear un verdadero festín.

La preparación de las comidas no es solo una cuestión de nutrición; se ha convertido en un ritual que potencia el espíritu de equipo. En cada concentración, Iacovone se encarga de que los jugadores no solo se alimenten bien, sino que también disfruten de momentos de distensión y camaradería. Durante la última Copa del Mundo en Qatar, la AFA llevó parrillas diseñadas especialmente para la ocasión, junto con más de 2,000 kilos de carne, un claro reflejo de la importancia que le otorgan a la alimentación del equipo.

La historia de Diego Iacovone es un testimonio sobre cómo una persona puede influir en el rendimiento de un equipo, no solo a través de la comida, sino también creando un ambiente propicio para la camaradería y la motivación. A medida que se prepara para su séptimo Mundial, su figura se ha consolidado como un símbolo de la selección argentina, demostrando que el éxito en el fútbol también se cocina a fuego lento, en la intimidad de una parrilla compartida entre amigos. En el mundo del deporte, a menudo se habla de ídolos y héroes, pero hay quienes, como Iacovone, son los verdaderos artífices de la unión y el espíritu de equipo que llevan a la Argentina a lo más alto del fútbol mundial.