La selección de Haití se ha convertido en un símbolo de superación en el contexto del Mundial 2026, marcando su regreso a la competencia tras más de cinco décadas de ausencia. En su primera participación desde Alemania 1974, el equipo caribeño enfrentó a Escocia en un encuentro que finalizó con una derrota por 1-0. Sin embargo, el verdadero desafío está por venir, ya que en la segunda jornada se enfrentarán a Brasil, un rival de gran renombre y con un historial favorable en sus encuentros previos. Este contexto se complica aún más por la crisis política y social que atraviesa Haití, obligando al equipo a jugar sus partidos fuera de sus fronteras.

La última vez que Haití participó en un Mundial fue en 1974, donde formó parte del Grupo 4 junto a selecciones como Polonia, Argentina e Italia, sufriendo derrotas en todos sus encuentros. La trayectoria del equipo en la fase clasificatoria para el Mundial 2026 fue notable, logrando tres victorias, dos empates y una derrota. Sin embargo, la singularidad de su clasificación radica en que el equipo no pudo llevar a cabo sus entrenamientos ni partidos en su propio país, debido a la preocupante situación de seguridad que se vive en la isla. El partido clave que les otorgó el boleto mundialista se llevó a cabo en el Estadio Ergilio Hato de Curazao, donde vencieron a Nicaragua por 2-0. La euforia de esa noche fue palpable, pero los jugadores se enteraron de su clasificación a través de mensajes en sus teléfonos móviles, esperando los resultados de otros encuentros.

La Federación Haitiana de Fútbol tomó la decisión de trasladar los partidos como local a otras naciones del Caribe, como Puerto Rico y Aruba, ante el riesgo que representa la violencia en su país. Desde principios de 2024, el Stade Sylvio Cator, el histórico estadio donde Haití solía jugar, ha quedado en desuso y bajo el control de grupos armados que dominan gran parte de la zona metropolitana de Puerto Príncipe. Esta situación ha generado un ambiente de incertidumbre y peligro, lo que ha llevado al equipo a buscar alternativas para poder competir a nivel internacional.

El actual plantel de Haití se distingue por tener una mayoría de jugadores que han nacido o se han formado en el exterior, principalmente en Francia. Este fenómeno es el resultado de la historia colonial del país, que logró su independencia tras la Batalla de Vértières en 1803, un conflicto que marcó un hito en la lucha por la libertad. La incorporación de futbolistas con una sólida formación profesional ha fortalecido al equipo, pero también ha suscitado debates sobre la inclusión de talentos locales, quienes enfrentan dificultades para desarrollarse en un entorno tan complejo.

En un giro inesperado, la selección de Haití se encontró con otro obstáculo relacionado con su uniforme para el Mundial. La FIFA, a días del inicio del torneo, solicitó a la federación haitiana que modificara su camiseta oficial, argumentando que contenía elementos visuales que podrían interpretarse como un mensaje político, algo prohibido según sus regulaciones. La camiseta incluía una ilustración de la Batalla de Vértières, que se entendía como un homenaje a la lucha por la independencia. Sin embargo, la entidad futbolística no especificó qué aspecto del diseño motivó la intervención, lo que generó confusión y malestar.

La marca responsable de la indumentaria defendió el concepto del diseño, afirmando que era un tributo a todos aquellos que han contribuido al desarrollo del país y su cultura. Este episodio refleja no solo las complejidades del deporte en un contexto político tenso, sino también la necesidad de que Haití sea escuchado y representado en el ámbito internacional. A medida que el equipo avanza en la competencia, la mirada del mundo se posará sobre ellos, no solo por su desempeño en el campo, sino también por la rica historia que representan y los desafíos que enfrentan como nación.