La recolección programada es un servicio municipal gratuito destinado a retirar escombros, muebles, electrodomésticos averiados y otros objetos en desuso. El límite establecido es de hasta 15 bolsas y un peso máximo de 500 kilos. Para solicitarlo, hay que comunicarse con un número telefónico y luego dejar los residuos en la vereda, junto con un cartel visible que indique el número de trámite.

La mayoría de los pedidos responde a situaciones habituales: restos de una vivienda en renovación o una heladera que dejó de funcionar. Sin embargo, cada tanto aparece en una esquina un objeto capaz de activar un recuerdo preciso. Cosas que, al quedar abandonadas en la vereda, dejan de ser solamente cosas y se convierten en una puerta hacia el momento en que fueron nuevas, cuando nadie imaginaba que algún día terminarían esperando el retiro.

Un viejo monitor de tubo de 17 pulgadas puede funcionar como una versión tecnológica de la magdalena de Proust. Al verlo, vuelve la imagen de una computadora familiar de los últimos años de la década del 90, compartida por tres hermanos adolescentes. El uso se organizaba mediante horarios que casi nunca se respetaban: las promesas incumplidas daban paso a insultos, gritos y algún empujón ocasional.

Días atrás, durante un paseo, el perro Raimundo quiso acercarse a un sillón abandonado en una esquina. El mueble llevó a recordar el primer sofá comprado casi dos décadas atrás, después de dejar la casa de la madre para ir a vivir solo. Así, entre escombros, muebles y electrodomésticos descartados, la recolección programada también puede convertirse en un recorrido involuntario por la memoria personal.