Mucho antes de que las bandas de rock convirtieran las giras internacionales en una práctica habitual, Richard Strauss (1864-1949) encontró en la Argentina un público capaz de recibir sus obras con un entusiasmo que, según dejó escrito en numerosas cartas, no había experimentado en Viena. El compositor alemán expresó su gratitud por la respuesta local y destacó la rapidez con la que los espectadores se familiarizaban con sus nuevas creaciones.
En una de esas comunicaciones, Strauss describió la recepción como “un entusiasmo que nunca antes viví” y elogió el “don y la perspicacia del público argentino”. Sus palabras aparecen como un antecedente histórico frente a las discusiones actuales sobre la relación de artistas extranjeros con el país, incluida la participación de Rosalía en una campaña cuestionada contra la Argentina.
La primera visita de Strauss se produjo en 1920, cuando llegó a Buenos Aires en barco junto al cofundador del Festival de Salzburgo. El viaje reunió a la Filarmónica de Viena, integrada por casi un centenar de músicos, y a un elenco de cantantes de primer nivel internacional. Durante esa estadía dirigió 16 conciertos. En el viaje siguiente ofreció 13 conciertos sinfónicos, además de seis representaciones de Salomé y otras seis de Elektra.
La travesía transatlántica implicaba un esfuerzo considerable, pero también respondía a una razón decisiva: el negocio. Strauss fue un pionero en el circuito de las grandes giras internacionales y convirtió sus presentaciones en la Argentina en una experiencia artística y profesional de relevancia. La respuesta del público, que recibió sus obras con una intensidad que el propio compositor comparó favorablemente con la de Viena, quedó registrada como una parte central de aquellas visitas.



