La lectura de "Una casa sola", la más reciente obra de Selva Almada, evoca la sensación de disfrutar un chocolate que, aunque placentero, también tiene un trasfondo amargo. Esta novela te atrapa de manera sutil, como un dulce que se derrite en la boca, revelando una complejidad que invita a la reflexión.

En una entrevista en la sede de Penguin Random House, Almada comparte su visión sobre esta obra que la ha llevado a ser reconocida internacionalmente. La escritora, originaria de Entre Ríos, ha publicado en diversos países y fue finalista del renombrado International Booker Prize en 2024. Su tono sereno y su conexión con su tierra natal se reflejan en su escritura, que evoca paisajes amplios y el murmullo del viento entre los árboles.

"Una casa sola" se sitúa en el campo y narra la historia de una vivienda que, tras ser un simple refugio, se transforma en un hogar. La familia que la habitaba desaparece sin dejar rastro, planteando interrogantes sobre lo que pudo haber sucedido. Aunque no aborda directamente la dictadura, la novela insinúa una pérdida que resuena en la memoria colectiva, al tiempo que el entorno rural cobra vida a través de las voces de quienes lo habitan. A medida que el lector se adentra en la obra, se revela un universo literario que combina elementos de la tradición gauchesca con una mirada contemporánea, desafiando al lector a comprometerse con su narrativa.