El reconocido autor chino Mo Yan, quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 2012, ha compartido cómo su niñez, marcada por la precariedad y la falta de alimento, ha sido un factor determinante en su carrera literaria. A pocos días de su esperada participación en la Feria del Libro de Buenos Aires, Mo Yan ofreció una interesante conversación en el Museo de la Literatura Moderna en Pekín, donde reflexionó sobre las vivencias de su infancia y su impacto en sus obras. En este encuentro, el escritor subrayó que su experiencia de vida ha sido fundamental para dar forma a su narrativa, en la que la memoria juega un papel crucial y las adversidades personales se transforman en relatos únicos.

El autor, quien creció en el seno de una familia campesina en condiciones de extrema pobreza, recordó cómo a la edad de doce años debió abandonar la escuela para comenzar a trabajar en el campo y en fábricas. Esta temprana inmersión en la realidad laboral le permitió desarrollar una mirada crítica y realista sobre la vida, alejada de las experiencias habituales de la infancia. Según Mo Yan, esta exposición a la dureza de la vida y la soledad le permitió observar “la maldad de la gente y las sombras del corazón de las personas”, algo que es difícil de percibir desde la inocencia de la niñez.

Mo Yan enfatizó que su camino hacia la escritura fue impulsado por la falta de recursos y la lucha diaria por la supervivencia. No solo forjó su carácter, sino que también moldeó la estructura de su narrativa. En sus propias palabras, el acto de escribir es comparable a un esfuerzo físico: “La ciencia ha demostrado que se queman más calorías escribiendo que realizando otros trabajos”. Para su padre, el valor del trabajo residía en el esfuerzo manual en la tierra, lo que llevó a Mo Yan a considerar su proceso creativo como un paralelo al cultivo de la tierra, donde cada palabra escrita es un fruto de trabajo arduo.

A lo largo de su juventud, Mo Yan pasó más de veintiún años en el ejército chino, donde desempeñó el rol de bibliotecario militar. Esta etapa fue crucial, ya que le permitió acceder a una formación literaria sistemática en la Academia de Artes del Ejército. Durante ese tiempo, se sumergió en la lectura de cerca de mil novelas, lo que le permitió comenzar a escribir sus primeras obras, como 'El clan del sorgo rojo'. Este contexto fue fundamental para su desarrollo literario y tuvo un impacto duradero en su capacidad para recrear ambientes y batallas con gran vívida precisión.

El escritor también destacó que su generación, aquellos nacidos en las décadas de 1950 y 1960, estuvo profundamente influenciada por una variedad de autores occidentales, como William Faulkner, D. H. Lawrence, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Yasunari Kawabata. La apertura cultural y las traducciones que comenzaron a circular en los años ochenta permitieron a escritores chinos como Mo Yan renovar su enfoque literario y adaptar técnicas extranjeras a sus realidades locales. La lectura de solo siete páginas de 'Cien años de soledad' fue el detonante que lo impulsó a escribir con fervor.

Finalmente, Mo Yan reflexionó sobre la influencia que las voces extranjeras tuvieron en su obra, aludiendo a una metáfora que compartió en 1987 en la revista Literatura Universal: “García Márquez y Faulkner son dos hornos enormes”. Al igual que muchos escritores de su época, él se vio motivado a integrar esas influencias en su escritura, buscando crear un puente entre su realidad y las experiencias universales que estos autores representaban. La combinación de su historia personal, su entorno y la rica herencia literaria que le precedió ha hecho de Mo Yan un autor singular en el panorama literario contemporáneo.

En conclusión, la infancia de Mo Yan, marcada por el hambre y la lucha, ha sido el sustrato de una obra literaria rica y compleja. Al abordar su historia personal, el autor no solo ofrece una mirada íntima a su vida, sino que también invita a la reflexión sobre cómo las circunstancias pueden moldear la creatividad y la percepción del mundo. Su trayectoria es un testimonio del poder de la literatura para transformar la experiencia humana en arte.