El autor colombiano Héctor Abad Faciolince, conocido por su obra "El olvido que seremos", ha compartido su experiencia tras sobrevivir a un ataque ruso en Ucrania. En su reciente libro "Ahora y en la hora", el autor evoca la figura del escritor Primo Levi, quien en su obra "Los hundidos y los salvados" plantea una inquietante cuestión: ¿por qué algunos logran sobrevivir en situaciones extremas mientras que otros no tienen esa fortuna? Abad Faciolince se ha planteado esta misma pregunta desde el fatídico 27 de junio de 2023, cuando un misil de alta precisión impactó en una pizzería en Krematorsk, dejando a su paso la devastación y el horror de la guerra.

El ataque en el que Abad Faciolince estuvo involucrado no solo le costó a él y a sus compañeros momentos de terror, sino que también les brindó una perspectiva única sobre la resiliencia humana. Junto a él se encontraban la periodista Catalina Gómez Ángel y el filósofo Sergio Jaramillo, quienes eran parte de la campaña "¡Aguanta Ucrania!". La pizzería, un lugar que debería haber sido un espacio de reunión y conversación, se transformó en un escenario de caos y muerte, recordando a todos los presentes la fragilidad de la vida en tiempos de conflicto.

Entre los sobrevivientes también estaba Victoria Amelina, una joven escritora ucraniana que, desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, se ha convertido en una voz destacada en la documentación de la vida bajo la ocupación. Amelina había encontrado un diario de otro escritor, Volodimir Vakulenko, quien fue asesinado por las fuerzas rusas. Este diario, escondido bajo un cerezo en el jardín de su padre, representa no solo la pérdida de una vida, sino también la memoria colectiva de un país en guerra. La búsqueda de la verdad y la preservación de la historia se han vuelto esenciales en su labor como activista.

Abad Faciolince y Victoria se conocieron en la Feria del Libro de Kyiv, un evento que se convirtió en un símbolo de resistencia cultural en medio de la devastación. La presentación de la edición ucraniana de su obra "El olvido que seremos" fue un acto de solidaridad y apoyo, donde se entrelazaron las historias de ambos autores. Mientras que Abad narraba la vida de su padre, un médico y defensor de los derechos humanos, Amelina revelaba las historias ocultas de aquellos que sufrieron la violencia de la guerra.

La visita al este de Ucrania, más cerca del frente, fue una decisión cargada de riesgos pero también de un profundo deseo de escuchar y aprender. La intención de Abad y sus colegas no era solo la de documentar la tragedia, sino también la de ofrecer una plataforma para las voces de aquellos que, a pesar de la adversidad, continúan luchando por su realidad. Cada historia que escucharon se convirtió en un testimonio de resistencia y valentía, destacando la capacidad humana de encontrar esperanza incluso en los momentos más oscuros.

Victoria, a pesar de estar a punto de partir hacia París por una beca, se siente dividida. Su deseo de documentar la guerra y compartir la realidad de su país contrasta con la satisfacción de tener la oportunidad de escapar, lo que genera en ella un profundo sentimiento de culpa. Esta complejidad emocional es un reflejo de la experiencia de muchos ucranianos que, al enfrentarse a la guerra, deben lidiar con la ambivalencia entre la supervivencia personal y el compromiso con su nación.

La experiencia de Abad Faciolince en Ucrania no solo resalta la importancia de la literatura como herramienta de resistencia, sino que también invita a una reflexión más profunda sobre la naturaleza de la guerra y la supervivencia. En un mundo donde la violencia parece ser una constante, la pregunta que planteó Primo Levi sigue siendo relevante: ¿qué define a los que sobreviven y a los que no? En el fondo, la respuesta podría estar en la capacidad de contar historias y en la voluntad de escuchar a quienes han enfrentado el abismo de la guerra.