En su hogar de Bahía Blanca, Guillermo Martínez creció rodeado de libros que marcarían su vida y su obra literaria. Su padre, Julio G. Martínez, un ingeniero agrónomo con una inclinación por la escritura, dedicaba las mañanas de los domingos a leer cuentos a sus hijos, alimentando así su imaginación. Julio no solo era un apasionado de la literatura, sino también un hombre con una fuerte formación política. Originalmente católico, su experiencia universitaria en La Plata lo llevó a una intensa politización, convirtiéndose en un destacado miembro del Partido Comunista. Esta atmósfera ideológica impregnó su hogar, donde una extensa biblioteca marxista coexistía con obras de la literatura argentina, creando un entorno propicio para el desarrollo del pensamiento crítico y la reflexión.
La muerte de Julio a principios del nuevo milenio marcó un hito en la vida de Guillermo. Al revisar las pertenencias de su padre, se encontró con un verdadero legado: cuatro novelas, cinco obras de teatro y más de doscientos cuentos que habían permanecido inéditos. En 2010, Martínez publicó un compendio de estas obras titulado "Un mito familiar", el cual incluía una introducción escrita por él mismo. Este descubrimiento no solo reavivó su conexión con su padre, sino que también influyó en su escritura, como se evidencia en su última novela, "Un crimen dialéctico", que dedica a su padre, reconociendo su influencia en su acercamiento a la dialéctica y la política.
Martínez inició su carrera académica en la licenciatura de Matemáticas en Bahía Blanca, mientras que, al igual que su padre, mantenía un perfil bajo en sus actividades literarias. Su debut en la narrativa se produjo en 1989 con "Infierno grande", seguido de su primera novela, "Acerca de Roderer", lanzada en 1992, la cual recibió elogios de la crítica. Desde su mudanza a Buenos Aires, comenzó a cimentar una trayectoria literaria que fusiona la precisión narrativa con una profunda reflexión filosófica. En sus obras, la dialéctica juega un papel fundamental, desafiando la noción de una separación tajante entre razón y pasión, planteando que la razón puede ser una forma intensa de pasión.
"Un crimen dialéctico" nació hace tres años, durante una función en el Teatro San Martín, donde una adaptación de "Las manos sucias" de Sartre lo llevó a revivir un universo de ideas y dilemas éticos relacionados con la práctica revolucionaria. Las tensiones de pertenecer a un partido clandestino, las precauciones que ello conlleva, y la experiencia personal de sus padres, quienes enfrentaron la represión durante la dictadura, se entrelazan en la narrativa de su nueva obra. Guillermo recuerda cómo su padre fue encarcelado y amenazado por la Triple A, lo que dejó una huella indeleble en su familia y formó parte de su identidad como escritor.
La novela presenta la historia de un científico y exmilitante revolucionario que se ve obligado a ejecutar un asesinato en el contexto de la transición democrática, un acto que inicialmente parece sencillo, pero que rápidamente se complica en un torbellino de contradicciones humanas. Martínez explora la complejidad de tomar decisiones en situaciones extremas, planteando una reflexión profunda sobre lo que significa dar la vida frente a lo que implica quitarla. A medida que avanza la trama, el lector se enfrenta a los dilemas morales y éticos que surgen en el camino de la lucha por el poder.
A través de su obra, Guillermo Martínez no solo revive su historia familiar, sino que también invita a los lectores a cuestionarse sobre las implicaciones de la práctica revolucionaria en un contexto donde las decisiones pueden tener un impacto irreversible. Con su característico estilo narrativo, el autor ofrece una mirada crítica y reflexiva sobre el pasado, mientras entrelaza su legado familiar con la historia política de Argentina, creando así una obra que trasciende lo personal para convertirse en un análisis profundo de las luchas y dilemas de una época compleja.



