En una noche emblemática a finales de la década de los noventa, el músico Damon Albarn y el ilustrador Jamie Hewlett, compañeros de piso en Londres, se embarcaron en la creación de un concepto innovador: una banda compuesta exclusivamente por personajes animados. Este grupo, que más tarde se conocería como Gorillaz, fue concebido con la idea de que podría rendir homenaje a artistas fallecidos, dándoles una nueva vida a través de la música. Con un manifiesto que abogaba por la creatividad sin límites, los dos creadores no imaginaban en ese momento que estaban gestando un fenómeno cultural que trascendería su propia idea original.
Poco tiempo después, Gorillaz hizo su debut y rápidamente se apoderó de la escena musical. Hewlett presentó un cuarteto de avatares animados: 2-D, el cantante; Noodle, la guitarrista; Murdoc Niccals, el bajista; y Russel Hobbs, el baterista. Estos personajes no solo tenían un estilo estético que fusionaba elementos de ciencia ficción y cultura skater, sino que también encarnaban actitudes que resonaban con una audiencia diversa. Por su parte, Albarn desarrolló un sonido único que abarcaba géneros como el trip-hop, el hip-hop y el rock indie lo-fi, creando un espacio sonoro que desdibujaba las fronteras musicales.
A pesar de su ambicioso inicio, el concepto de Gorillaz interactuando con artistas del más allá fue finalmente dejado de lado. En una reciente conversación en Los Ángeles, Hewlett reflexionó sobre este cambio, señalando que en su época original no conocían a músicos fallecidos. Sin embargo, tras 25 años de carrera, han tenido que lidiar con la pérdida de muchos colegas, lo que ha influido en su música y en su proceso creativo. La evolución de Gorillaz ha estado marcada por un cambio en la percepción de la muerte y la memoria de aquellos que han partido.
El reciente álbum titulado *The Mountain*, el noveno en su discografía, es un testimonio de esta transformación. Albarn se sumergió en años de grabaciones, buscando material inédito de antiguos colaboradores, lo que resultó en un repertorio que incluye contribuciones de artistas que ya no están, como el rapero Proof, que fue asesinado en 2006. La pista de apertura, que lleva el mismo nombre que el álbum, presenta la voz de Dennis Hopper, quien recita el título como un mantra, aportando una dimensión mística a la obra.
Entre las colaboraciones póstumas también se encuentran figuras como Mark E. Smith, de The Fall, y David Jolicoeur, de De La Soul. Aunque Albarn obtuvo el consentimiento de la mayoría de los artistas, Lou Reed, líder de Velvet Underground, no pudo dar su aprobación, aunque su esencia se encuentra presente en una de las canciones a través de una grabación manipulada de una conversación que tuvo con el músico británico. Este enfoque de reivindicar el legado de los que han partido se ha convertido en un sello distintivo de Gorillaz, que sigue buscando formas de honrar su memoria.
*The Mountain* no solo se inspira en las experiencias de Albarn y Hewlett en India, sino que también refleja un profundo sentido de pérdida, exacerbado por las muertes de sus propios padres. La temática de la muerte es omnipresente en el álbum, como se puede escuchar en la canción “The Hardest Thing”, donde Albarn plantea preguntas existenciales sobre la vida y la muerte. “La muerte no era un tema que buscáramos, simplemente se presentó”, explica Albarn, admitiendo que este sentimiento se vuelve inevitable con la llegada de la madurez. Este nuevo enfoque sobre la mortalidad se ha convertido en una parte integral de la narrativa de Gorillaz, que continúa evolucionando con el tiempo.



