Javier Milei, desde Hungría, donde asiste a una cumbre internacional de la derecha, se apresuró a celebrar los recientes datos del Producto Bruto Interno (PBI) correspondientes al año 2025 a través de sus redes sociales. Sin embargo, su mensaje parece tener más peso en el ámbito político que en el económico, ya que se inscribe en una serie de días complicados para el oficialismo. Esto se debe, en gran medida, al revuelo ocasionado por el caso de Manuel Adorni, que ha captado la atención mediática y ha generado tensiones internas en el gobierno. Aprovechando la publicación del informe del INDEC, el Presidente intentó reposicionar su discurso, volviendo a dirigir críticas hacia un enemigo político, empresarial y mediático que parece no ajustarse a su visión optimista de la realidad económica.
En este contexto, Luis Caputo, uno de los funcionarios más cercanos a Milei, se presentó como un ferviente defensor del análisis gubernamental. Su postura fue contundente y sin matices, reflejando la necesidad de marcar la agenda política en medio de un panorama incierto. Sin embargo, esta estrategia puede no ser tan efectiva, dado que el informe del INDEC, que señala un crecimiento del 4,4% en la economía durante el último año, también revela un panorama mixto. Sectores como la intermediación financiera, la actividad agropecuaria y la minería mostraron un crecimiento notable, mientras que otros como la industria manufacturera y el comercio enfrentaron resultados negativos. Esta dualidad en los datos genera dudas sobre la solidez de la recuperación económica.
La evaluación de la situación económica por parte de economistas, consultores y algunos políticos que siguen de cerca los acontecimientos es crítica. Observan que, a pesar del crecimiento reportado, los problemas estructurales continúan afectando la economía del país. La atención se centra ahora en el próximo informe del EMAE que publicará el INDEC, que se espera para el jueves. Los analistas están a la espera de este dato, que podría confirmar o contradicir algunas proyecciones pesimistas para el inicio del año 2026, lo que podría influir en la percepción general sobre la gestión económica del gobierno.
La respuesta del oficialismo, marcada por un enfoque defensivo, evidencia la urgencia de recuperar el control en el ámbito político. Los temores se ven alimentados por diversos indicadores económicos, como la inflación, el consumo y el empleo, así como por la creciente morosidad en créditos y tarjetas. A esto se suma la persistente repercusión de temas que han puesto en aprietos al jefe de Gabinete y, a otro nivel, el caso del dólar $LIBRA. Las encuestas recientes también revelan un panorama desfavorable, mientras que la interna del oficialismo se intensifica, especialmente por la ofensiva de Karina Milei en espacios que tradicionalmente pertenecían a Santiago Caputo. Esta lucha interna genera desconfianza entre los aliados y socios del gobierno.
En este marco, los últimos discursos del Presidente Milei trascienden su visión política habitual. Es evidente que la construcción de un enemigo, así como su perpetuación, es un componente esencial de la lógica que Milei ha adoptado. Esta estrategia no solo refleja una ideología que desafía las categorías tradicionales de la política, sino que también indica un intento de consolidar su posición en un entorno adverso. Milei se siente en su elemento en este tipo de confrontaciones, lo que le permite desviar la atención de los problemas económicos actuales hacia una narrativa que le resulta más conveniente.
Sin embargo, lo que se destaca en las últimas acciones de Milei es un giro hacia la defensiva, lo que indica que la situación en la Casa Rosada no es tan favorable como se pretende mostrar. La capacidad del gobierno para revertir esta tendencia es crucial en un momento donde la presión interna y externa se acumula. La habilidad para gestionar tanto los datos económicos como la narrativa política será determinante para el futuro de su administración y su relación con la sociedad.



