El 23 de febrero se recuerda la vida de varios santos, entre ellos, San Policarpo, un obispo y mártir que fue discípulo de San Juan. A sus casi noventa años, San Policarpo fue condenado a la hoguera en el anfiteatro de Esmirna durante el gobierno de los emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio Cómodo, un hecho que tuvo lugar en el año 155. En ese momento, se mantuvo firme en su fe, agradeciendo a Dios por ser contado entre los mártires y por su participación en el sacrificio de Cristo.
Además de San Policarpo, este día se honra a otros santos, como Santa Milburga, quien vivió en el siglo VIII. El santoral es un compendio de personas que han sido beatificadas y canonizadas por la Iglesia, y cada día se conmemoran las vidas de aquellos que dedicaron su existencia al servicio de la fe católica.
El camino hacia la canonización incluye varios etapas, comenzando con el nombramiento como siervo de Dios, seguido de la declaración de venerable, luego beato y, finalmente, santo. Aunque no hay cifras precisas, se estima que hay alrededor de nueve mil santos reconocidos, y el Papa Francisco ha establecido un récord al canonizar a 898 santos, lo que subraya la relevancia del catolicismo en el mundo, donde se cuentan más de 1.360 millones de fieles.



