La evolución de la pobreza en Argentina no puede explicarse a partir de la idea de un pasado idealizado ni de una declinación permanente. Esa es una de las conclusiones del análisis realizado por el experto Leopoldo Tornarolli, quien advierte que los cambios en las formas de medición dificultan las comparaciones directas entre distintos períodos históricos.

Según su investigación, durante la década de 1970 la pobreza alcanzaba aproximadamente al 11% de la población, y no al 5% como se sostuvo durante años. Tornarolli también recuerda que el indicador se calcula en función de los ingresos y no contempla una medición multidimensional. Por eso, las variaciones del poder adquisitivo provocadas por la inflación pueden hacer que una persona supere la línea de pobreza o quede por debajo de ella en períodos relativamente breves.

Los principales saltos se registraron durante las crisis económicas. En la hiperinflación de 1989, la pobreza llegó al 59%, mientras que durante la crisis de 2001 y 2002 alcanzó el máximo del 63,7%. En 2020, durante el período de aislamiento, llegó al 44,2%. Luego, en el primer semestre de 2024, alcanzó el 52,9%, y actualmente supera el 31%.

Los porcentajes tienden a descender de manera significativa en los períodos de mayor estabilidad. Sin embargo, el análisis señala que, después de cada crisis, queda instalado un nuevo piso de pobreza que resulta difícil de reducir. Las consecuencias no se limitan a las estadísticas: las familias afectadas soportan costos persistentes. “Las crisis dejan una cicatriz que marca la situación estructural de las familias”, concluye Tornarolli.