El investigador Jonathan Haidt sostiene que el acceso temprano de los chicos a los celulares puede funcionar como un “bloqueador de experiencias”. Según su enfoque, un dispositivo capaz de capturar la atención de manera constante reduce las oportunidades de que los niños exploren el mundo real, asuman pequeños riesgos, amplíen sus límites y compartan tiempo con otros chicos. También puede afectar el desarrollo de habilidades vinculadas con la empatía y la autonomía.
Desde esta perspectiva, Haidt advierte sobre una contradicción frecuente en la crianza: mientras algunas familias limitan actividades como trepar a un árbol por temor a posibles accidentes, permiten que sus hijos pasen varias horas conectados a redes sociales, muchas veces sin un registro claro de los riesgos que implican esos espacios. Para el investigador, promover el juego libre y una mayor independencia debe ir acompañado por el desarrollo de la responsabilidad.
Con ese objetivo, el programa “Déjalo crecer”, diseñado por Haidt, propone que los chicos incorporen nuevas tareas y destinen parte de su tiempo a actividades por fuera del mundo digital. En una línea similar, la ciudad de Buenos Aires impulsa desde hace unos meses un Compromiso Familiar por Estudiantes sin Celular. Más de 107 mil familias aceptaron no entregar teléfonos inteligentes a sus hijos antes de que finalicen la escuela primaria.
La iniciativa surgió a partir de un acuerdo voluntario lanzado en febrero pasado entre adultos responsables de estudiantes de 1300 establecimientos educativos porteños, en su mayoría públicos y privados. La propuesta busca promover una relación más gradual con los dispositivos y priorizar experiencias presenciales durante los primeros años de la escolaridad.



