Recientes hallazgos en el Instituto Max Planck de Cibernética Biológica, en Alemania, han puesto en jaque la noción convencional sobre el sueño en el reino animal, señalando que los peces también experimentan fases de sueño. Este estudio, que se centra en el pez cebra (Danio rerio), ha revelado la existencia de cuatro estados de descanso, tres de los cuales presentan movimientos oculares, algo que se creía exclusivo de mamíferos y aves. La investigación fue publicada en la revista Nature Communications y abre un nuevo abanico de preguntas sobre la evolución del sueño y su función en diferentes especies.

El pez cebra ha sido un modelo de estudio en biomedicina y genética, y su utilización en esta investigación tiene fundamento en su transparencia durante las etapas larvales, lo que permite un monitoreo detallado de su actividad. Los científicos utilizaron un microscopio de rastreo de última generación para observar durante 24 horas a estas larvas, registrando simultáneamente su actividad corporal, ocular y cerebral. Esta tecnología resultó crucial para identificar las cuatro fases de sueño, tres de las cuales se caracterizan por patrones de movimientos oculares, mientras que una no presenta actividad ocular alguna.

Vikash Choudhary, primer autor del estudio, destacó que su enfoque innovador consistió en registrar de manera simultánea el movimiento ocular y corporal de los peces durante un ciclo completo de 24 horas. Este enfoque no solo permitió observar las fases del sueño, sino también entender las funciones que podrían estar asociadas a cada uno de estos estados. La transparencia cerebral de las larvas de pez cebra fue un factor determinante para captar la actividad neuronal con precisión.

Los investigadores identificaron que cada una de las fases de sueño sigue un ritmo circadiano particular, lo que indica que los peces tienen un reloj biológico interno que regula su descanso. El sueño sin movimientos oculares se manifiesta predominantemente durante la noche, mientras que las fases que presentan movimientos oculares, denominadas QEM (quiescence with eye movement), tienen patrones diferenciados, siendo uno de ellos más activo en la noche y otro que aumenta hacia la mañana.

El estado más común, conocido como QEM-1, se presenta casi exclusivamente durante el día y se caracteriza por una notable dificultad para despertar a los peces, aumentando así su vulnerabilidad ante depredadores. Este hallazgo es significativo, ya que sugiere que, al igual que en mamíferos, el sueño en los peces puede ser un estado crítico para su supervivencia. Choudhary expresó su sorpresa al observar los movimientos oculares de los peces, lo que añade una dimensión nueva al entendimiento de su comportamiento.

Durante la fase QEM-1, se ha observado una disminución considerable en la actividad cerebral, confirmando que se trata de un estado de sueño genuino, comparable a una siesta en humanos. Además, el equipo liderado por Jennifer M. Li y Drew Robson notó que la actividad neuronal se comporta de manera predecible a lo largo del tiempo, permitiendo anticipar el momento en que un pez está por despertar. Este nivel de previsibilidad resalta la complejidad del sueño en los peces, lo que nos lleva a cuestionar aún más nuestras percepciones sobre el descanso en el reino animal.

Otro aspecto relevante del estudio es la influencia de la luz en la arquitectura del sueño de los peces. Al variar las condiciones lumínicas, los científicos notaron que las diferentes fases de sueño continuaron existiendo, pero con variaciones en su frecuencia y distribución. Esta adaptabilidad sugiere que el sueño en los peces no solo depende de factores ambientales como la luz, sino que también responde a mecanismos internos que podrían ser más complejos de lo que se pensaba. Además, el hallazgo de estos cuatro estados de sueño en otras especies del género Danio sugiere un origen evolutivo antiguo, lo que abre nuevas vías de investigación en el estudio del sueño y su desarrollo a lo largo de la evolución.