En medio de un panorama educativo en constante transformación, la formación de los docentes argentinos se encuentra en el corazón de un intenso debate. Las nuevas normativas, junto con la evolución de las demandas en las aulas y el impacto de las tecnologías emergentes, han llevado a repensar tanto el contenido de la enseñanza como la preparación de quienes tienen la responsabilidad de educar. Este tema fue el eje central de una entrevista con Gabriela Azar, rectora de la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires, durante la jornada inaugural de formación docente organizada por Ticmas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Gabriela Azar plantea que estamos frente a un nuevo paradigma educativo que desafía las estructuras tradicionales del sistema. En lugar de enfocarse en lo que un docente sabe, sugiere que la atención debe dirigirse hacia lo que es capaz de hacer con ese conocimiento. “La formación debe trascender la lógica histórica centrada en la acumulación de información”, argumentó Azar, subrayando la necesidad de preparar a los futuros educadores para que puedan aplicar sus saberes de manera efectiva en el aula.
Uno de los cambios más relevantes dentro de este nuevo enfoque educativo es la reorganización de los planes de estudio para la formación docente. Una resolución aprobada por los ministros de educación a nivel nacional en 2024 establece nuevas pautas curriculares que incluyen la reducción de la carga horaria de las carreras de formación docente. Azar señala que algunas de estas carreras, que alcanzan hasta 5000 horas de formación, no resultan atractivas para los jóvenes. El objetivo es modificar esta situación para incentivar a más estudiantes a elegir la carrera docente, haciendo la formación más accesible y relevante para las demandas actuales.
Además, el nuevo enfoque implica la implementación de una “matriz por capacidades”, que busca identificar y desarrollar habilidades transversales en los futuros docentes. Esta propuesta tiene como meta centrar la enseñanza en la práctica, en lugar de una simple acumulación de contenido teórico. La idea es que los educadores no solo posean conocimientos, sino que también sean capaces de aplicarlos de manera efectiva y adaptativa en diversas situaciones educativas.
La incorporación de modalidades híbridas en la formación docente es otro aspecto destacado por Azar. Esta estrategia permite que hasta un 50% de la formación se realice de manera virtual, lo que no solo amplía el acceso a la educación, sino que también permite adaptar la enseñanza a diferentes contextos. “Con la llegada de las tecnologías emergentes y el impacto de la inteligencia artificial, es fundamental buscar alternativas que prioricen la capacitación de docentes capaces de utilizar diversas herramientas en su práctica”, enfatizó la rectora.
No obstante, la expansión de estos formatos de enseñanza también presenta sus desafíos. La virtualización, aunque ofrece nuevas oportunidades, requiere una reconfiguración de las prácticas pedagógicas y del acompañamiento que se brinda a los educadores en formación. Esto se vuelve especialmente crucial en una profesión donde la experiencia en el aula es fundamental para el desarrollo profesional.
Como ocurre en todo proceso de transformación, las reformas en la formación docente no están exentas de tensiones. Azar reconoció que existe cierta resistencia entre los educadores, en gran parte debido a la tendencia a replicar los programas pedagógicos con los que fueron formados. Para enfrentar esta situación, iniciativas como “Buenos Aires Aprende” buscan situar al estudiante en el centro de la dinámica pedagógica, promoviendo un cambio que, aunque desafiante, podría resultar en una mejora significativa en la calidad educativa del país.



