La historia de Rodrigo “Roda” Azziani es un claro ejemplo de cómo los caminos hacia el emprendimiento pueden ser tan diversos como sorprendentes. Este rosarino, que alguna vez soñó con ser ministro de Cultura en su provincia natal, ha logrado establecerse como un referente en el mundo de la tecnología, cofundando una software factory que hoy colabora con gigantes como Meta y Epic Games. Su trayectoria, que fusiona la pasión por la cultura con la innovación tecnológica, es digna de ser contada.
Azziani se formó en Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional de Rosario, donde no solo se destacó por su desempeño académico, sino también por su inquietud cultural. En sus años universitarios, conoció a Joaquín Colombo y Mauro Abbatemarco, quienes se convertirían en sus socios. Mientras Colombo y Abbatemarco se inclinaban hacia el desarrollo técnico, Azziani se movía en un espacio más amplio, combinando su interés por la literatura y el arte con la tecnología, desafiando así los estereotipos del típico emprendedor del sector.
Desde temprana edad, Rodrigo mostró habilidades tanto en matemáticas como en poesía. Participó en competencias de matemáticas a nivel nacional y, al mismo tiempo, se dedicaba a la enseñanza del ajedrez y a escribir poesía, publicando varios libros que reflejan su sensibilidad artística. Esta dualidad entre la lógica y la creatividad ha sido un hilo conductor en su vida, permitiéndole integrar sus pasiones en su carrera profesional.
Sin embargo, a medida que avanzaba en su trayectoria, Azziani sintió que su vocación cultural no era suficiente para satisfacer sus inquietudes más profundas. Al darse cuenta de que deseaba crear un impacto tangible, comenzó a buscar nuevos horizontes. Empezó a trabajar en consultorías y a dar conferencias, un paso que lo llevó a colaborar con Colombo y Abbatemarco en una cooperativa de programadores, donde su rol se centró en la gestión y la comunicación, más que en la programación en sí.
La cooperativa, aunque comenzó como un proyecto pequeño, creció rápidamente gracias a la calidad de sus trabajos y la demanda del mercado. Cada nuevo proyecto trajo consigo retos que exigían más profesionales y habilidades variadas, lo que obligó al equipo a expandirse. Azziani, con su capacidad para conectar diferentes áreas y gestionar relaciones, se convirtió en una pieza clave para el desarrollo de la cooperativa, que pronto despertó el interés de un emprendedor estadounidense.
Esta conexión internacional resultó en la creación de una nueva compañía que potenció aún más sus capacidades. Lo que comenzó como un sueño de juventud, de vincular la cultura con la tecnología, se transformó en una realidad palpable y en constante evolución. Azziani demuestra que las pasiones pueden entrelazarse de formas inesperadas y que, a veces, el camino menos convencional es el que lleva a grandes logros. La historia de este poeta que se convirtió en empresario es un testimonio de la versatilidad y el potencial de la innovación en el ámbito cultural y tecnológico.



