Las profundidades del océano son un entorno vasto y enigmático, donde la vida se enfrenta a condiciones extremas. Este hábitat, marcado por temperaturas cercanas al congelamiento, presiones insoportables y la total ausencia de luz solar, ha desafiado a muchas especies. Sin embargo, ciertos moluscos han logrado adaptarse y prosperar en este medio hostil.
Un estudio reciente de investigadores de la Universidad de Chicago, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, revela que las rutas evolutivas que han seguido almejas, mejillones y otros bivalvos para adaptarse a este entorno son más variadas y complejas de lo que se pensaba. David Jablonski, profesor de Ciencias Geofísicas en la misma universidad y coautor del estudio, señala que no hay una única manera de penetrar en este ecosistema, sino que existen múltiples estrategias que han permitido a estas especies colonizar los fondos marinos.
La investigación se centra en los mejillones y las conchas de hacha, grupos que agrupan cientos de especies distribuidas globalmente. A través del análisis de árboles genealógicos y registros fósiles, el equipo buscó entender cómo sus ancestros enfrentaron las duras condiciones del fondo marino. La coautora Ava Ghezelayagh, investigadora postdoctoral, combinó datos fósiles y genéticos para identificar patrones que sugieren que algunas especies de aguas someras estaban preparadas para una eventual migración a profundidades mayores, lo que podría haber facilitado su éxito en el abismo marino. Los hallazgos indican que los bivalvos, que normalmente dependen del fitoplancton, encontraron formas innovadoras de sobrevivir en entornos sin luz, incluyendo relaciones simbióticas con bacterias que utilizan compuestos como el azufre y el metano como fuente de energía.



