En el corazón de La Reja, Moreno, una madre decidida está transformando su hogar en un refugio para su hija. Johanna Muñoz, una albañil sin diploma pero con mucha experiencia, ha tomado la iniciativa de construir una habitación para Brisa, quien en solo dos meses celebrará sus 15 años. Este proyecto no es solo una mejora habitacional; representa un sueño familiar que lleva años esperando su momento de concreción.
Los materiales de construcción, como cerámicos apilados y bolsas de cemento, marcan el límite entre lo que es y lo que está por venir. La habitación, que es la promesa de un espacio propio para Brisa, se encuentra en desarrollo y refleja la dedicación de una madre que ha decidido involucrarse de manera activa en el proceso de construcción. "Con este trabajo no necesito ir al gimnasio", comenta Johanna, quien siente que cada ladrillo colocado es un paso hacia la independencia de su hija.
La historia de esta familia está marcada por la pérdida: el padre de Brisa falleció cuando la joven tenía apenas nueve años. Junto a su papá, Johanna había iniciado la construcción de esta casa, pero la obra se detuvo abruptamente tras su muerte. Desde entonces, los sueños quedaron en pausa, pero la llegada de la adolescencia de Brisa ha impulsado a Johanna a retomar el proyecto, haciendo de la construcción una cruzada personal.
Cada tarde, madre e hija comparten el espacio de la casa que un día imaginaron juntas. Mientras el baño, el living y el comedor ya están terminados, el resto de la casa sigue siendo un recordatorio de lo que pudo ser. La necesidad de crear un espacio propio para Brisa se ha vuelto una prioridad, especialmente a medida que se acerca su cumpleaños. "Es fundamental que Brisa tenga su propio lugar, donde pueda sentirse cómoda y tener su privacidad", asegura Johanna.
La madre de Brisa ha aprendido el arte de la construcción a través de su padre, acompañándolo desde pequeña. Esta experiencia le ha brindado habilidades valiosas que ahora aplica en su hogar. A través de videos en redes sociales, Johanna ha compartido el progreso de la obra, inspirándose en otras mujeres que también han tomado la iniciativa de construir. "Si ellas pueden, yo también", se ríe, mostrando su determinación y empoderamiento.
Aunque hasta ahora no ha trabajado oficialmente en una obra, sus conocimientos le han permitido enfrentar este desafío con confianza. La construcción no solo representa una mejora física de su hogar, sino también un acto de autonomía y empoderamiento personal. “Quiero hacer un curso para poder trabajar en construcción y seguir creciendo”, expresa Johanna, quien ya ha aprendido a presupuestar y calcular materiales para optimizar costos.
La situación económica que enfrenta la familia es similar a la de muchos en el conurbano bonaerense. La crisis ha llevado a Johanna a ser ingeniosa y a aprender a negociar para conseguir los mejores precios en materiales. Su historia es un reflejo de la lucha cotidiana de muchas mujeres que, como ella, se esfuerzan por romper barreras y construir un futuro mejor para sus hijos. En este contexto, la construcción del cuarto de Brisa se convierte en un símbolo de esperanza y perseverancia, un testimonio del amor incondicional de una madre que no se detiene ante los desafíos.



