Recientes investigaciones han generado un gran revuelo en el ámbito de la paleontología, al sugerir que el Tyrannosaurus rex, un dinosaurio que pesaba alrededor de 8 toneladas, podría haber corrido apoyándose en la punta de sus pies, similar a cómo lo hacen algunas aves en la actualidad. Este descubrimiento se basa en un exhaustivo análisis de la estructura ósea y la biomecánica de sus extremidades traseras, que plantea que el T. rex no distribuyó su peso sobre la planta del pie durante su desplazamiento.
Los científicos, al combinar datos fósiles y simulaciones a través de modelos digitales, han llegado a la conclusión de que la locomoción del T. rex era digitígrada, es decir, que se movía apoyándose en los dedos y no en toda la planta del pie. Esta nueva interpretación desafía la imagen tradicional del dinosaurio, que lo mostraba con una marcha más pesada y plana.
El estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science, refuerza la idea de que el T. rex podría haber sido más ágil de lo que se pensaba, lo que le habría permitido ser un cazador más eficiente al perseguir presas rápidas. Utilizando avanzadas técnicas de biomecánica computacional, los investigadores recrearon digitalmente el esqueleto del T. rex y simularon diferentes patrones de marcha, lo que les permitió estimar cómo este depredador se movía en diversos tipos de terreno. Este enfoque innovador marca un avance significativo en el estudio de la locomoción de los dinosaurios de gran tamaño.



