La localidad de Lobería, situada en el sur de la provincia de Buenos Aires y con una población aproximada de 19 mil habitantes según el Censo 2022, se encuentra sumida en un profundo duelo tras el fallecimiento de Lucía Ermiaga, una profesora de yoga y estudiante de psicología de 52 años. La tragedia ocurrió cuando su vehículo, un Fiat Uno, fue impactado por un Volkswagen Bora conducido por Gonzalo Frascuelli, de 19 años, quien ya tenía en su historial dos muertes relacionadas con accidentes de tránsito. Este lamentable suceso ha reavivado el debate sobre la seguridad vial y la responsabilidad al volante, especialmente en el contexto de la obtención de licencias de conducir.
Fernando “Topo” Lauga, padre de Mateo, un adolescente que perdió la vida en un accidente en 2024 también relacionado con Frascuelli, expresó su dolor por la nueva tragedia que ha golpeado a Lobería. En un emotivo testimonio, Lauga destacó la desolación que enfrenta la familia de Lucía, que ahora queda con el viudo, Julio Ardanaz, a cargo de sus hijos y el pequeño que había tenido en una relación anterior. “Ahora somos dos familias que hemos sufrido esta pérdida”, lamentó, reflejando así la profunda herida que deja el desenlace de estos accidentes en la comunidad.
El contexto que rodea la figura de Gonzalo Frascuelli es igualmente preocupante. A tan solo dos meses y medio de haber perdido a su amigo Mateo en un accidente, Frascuelli intentó renovar su licencia de conducir, la cual había obtenido con autorización parental a los 17 años. Tras no aprobar el examen psicológico necesario para la renovación en Lobería, Frascuelli cambió de residencia a San Cayetano, a unos 150 kilómetros, donde logró obtener su licencia nuevamente. Este hecho ha generado un intenso debate sobre la regulación del proceso de obtención de licencias de conducir, especialmente en casos donde existen antecedentes de accidentes fatales.
La situación se complica aún más al considerar que, tras conseguir su licencia, Frascuelli recibió un regalo de sus padres: un Volkswagen Bora gris oscuro, el mismo vehículo que utilizó en el accidente que cobró la vida de Lucía Ermiaga. Fernando Lauga criticó la falta de acción de las autoridades ante un joven con un historial tan problemático al volante. “Comenzó a andar por todos lados, corriendo picadas y haciendo de las suyas. Aquellos que debían intervenir no lo hicieron”, subrayó, dejando entrever la frustración que siente ante la inacción frente a las advertencias sobre la peligrosidad de Frascuelli.
En el marco de la investigación, el fiscal José Luis Cipolletti, a cargo de la UFI N° 1 de Necochea, se encuentra analizando si Frascuelli estaba participando en una picada al momento del accidente. En las últimas horas, se han difundido nuevos videos que capturan los recorridos de ambos vehículos antes de la tragedia, lo que podría ofrecer claves importantes para esclarecer los hechos. La comunidad espera respuestas y justicia, mientras los familiares de las víctimas lidian con el dolor de una pérdida irreparable.
Este accidente ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de revisar las normativas sobre la obtención y renovación de licencias de conducir, especialmente para aquellos con antecedentes de infracciones graves. La tragedia de Lobería debe servir como un llamado a la acción para mejorar la seguridad vial y garantizar que los conductores responsables sean quienes ocupen las calles, evitando que los errores del pasado se repitan y que más familias sufran las consecuencias de decisiones irresponsables al volante.



