La variabilidad en la distribución del ingreso en Argentina pone de manifiesto una desigualdad territorial que desafía las nociones de recuperación económica general. Un informe elaborado por la consultora Focus Market ha sacado a la luz que, mientras que ciertos sectores de la población obtienen ingresos en dólares que se asemejan a los de países vecinos, una parte significativa de la ciudadanía vive con ingresos que apenas alcanzan para cubrir sus necesidades básicas. Esta situación no solo refleja la disparidad económica, sino que también plantea interrogantes sobre la equidad social en el país.
El concepto de ingreso total individual es esencial para entender esta problemática. Este indicador incluye todos los recursos económicos que recibe una persona, abarcando salarios, pensiones, rentas, y transferencias sociales, entre otros. Según Damián Di Pace, director de Focus Market, esta métrica es fundamental para evaluar no solo el nivel de vida promedio de los argentinos, sino también para evidenciar las marcadas diferencias que existen entre las distintas regiones del país.
En términos generales, el ingreso promedio en Argentina se sitúa en u$s671 mensuales al tipo de cambio oficial, superando a países como Bolivia, Paraguay y Brasil. Sin embargo, se encuentra por debajo de las cifras reportadas en economías como Uruguay y Chile, lo que resalta las diferencias estructurales que afectan la productividad y la estabilidad económica de nuestro país. Estos datos son alarmantes, ya que sugieren que la recuperación económica no es homogénea y que hay poblaciones que quedan relegadas en este proceso.
Las disparidades internas son aún más evidentes cuando se desglosan los ingresos por regiones. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el ingreso per cápita familiar asciende a u$s762, contrastando con los niveles mucho más bajos de provincias del norte como La Rioja, Chaco y Formosa, donde los ingresos oscilan entre u$s247 y u$s266. Esto significa que un residente de CABA percibe más del doble que aquellos en estas provincias, una situación que evidencia la falta de oportunidades y recursos en ciertas áreas del país.
Cuando se analiza el ingreso diario, la diferencia se vuelve aún más marcada. En la CABA, el ingreso promedio diario es de u$s25,41, mientras que en provincias del norte, los ingresos caen por debajo de u$s9 diarios. Por ejemplo, La Rioja reporta un ingreso de u$s8,24, Chaco u$s8,52 y Formosa u$s8,89. Esta brecha, que supera el triple de diferencia, tiene repercusiones directas en el poder adquisitivo de los ciudadanos. Mientras que en la capital se puede adquirir un kilo y medio de carne por un día de trabajo, en las provincias más afectadas, el mismo esfuerzo apenas permite comprar medio kilo de carne o unas pocas unidades de productos alimenticios básicos.
El informe también resalta el impacto de la informalidad laboral en la desigualdad de ingresos. En varias provincias, la diferencia entre los trabajadores formales e informales puede superar el 60%, lo que significa que aquellos que no están registrados reciben menos de la mitad de los ingresos de sus pares en el sector formal. Esta situación agrava aún más las condiciones de vida de una parte importante de la población, perpetuando un ciclo de pobreza y exclusión.
Di Pace enfatiza que para cambiar esta tendencia es fundamental reconocer que la desigualdad de ingresos entre provincias no es un destino inevitable. La formalización del empleo se presenta como una medida crucial para mejorar los ingresos y facilitar el acceso al crédito. En conclusión, la persistencia de estas amplias diferencias en ingresos y niveles de formalidad sugiere que los indicadores agregados de ingreso en dólares son insuficientes para reflejar la verdadera realidad económica y social de Argentina, subrayando la necesidad de políticas efectivas que promuevan una mayor equidad territorial.



