Un incidente violento ocurrido en la Escuela Secundaria N°38 de Mar del Plata ha generado una ola de conmoción y preocupación entre estudiantes y padres. Un joven de 14 años, identificado como Nahuel, sufrió graves lesiones en el rostro a causa de un ataque perpetrado por un compañero durante una clase. Este suceso no solo ha llevado a la hospitalización del menor, sino que ha desencadenado una serie de reacciones en la comunidad educativa, que se manifiesta en la organización de una protesta para exigir justicia y medidas de prevención ante la violencia escolar.

El hecho ocurrió el pasado viernes 26 de marzo, en un aula donde estaban presentes tanto alumnos como docentes. Según el testimonio de Nahuel, ya existían antecedentes de acoso por parte del agresor, lo que pone de relieve la necesidad urgente de abordar el problema del bullying en las escuelas. La comunidad educativa ha expresado su preocupación por la falta de acción y respuesta inmediata de los docentes en situaciones de agresión, lo que resulta alarmante en un contexto educativo que debería ser seguro y protector.

Integrantes del Centro de Estudiantes de la institución han emitido un comunicado en el que relatan detalles del ataque y critican la actitud del personal docente presente en el aula. Aseguran que, ante la violencia desatada, un docente se mostró paralizado y solo pudo mencionar el nombre del agresor en un intento de detener la situación. Fue solo tras la intervención de la vicedirectora que el alumno agresor fue retirado del aula. Esta falta de acción inmediata ha generado un fuerte descontento entre los estudiantes, quienes exigen políticas efectivas para combatir la violencia en el ámbito escolar.

Tras la golpiza, Nahuel fue urgentemente trasladado a la Clínica del Niño y la Familia, donde los médicos confirmaron que había sufrido una fractura en la nariz, otra en el maxilar superior, además de hematomas y lesiones en el rostro. La madre del adolescente, Gisela, ha compartido su angustia y preocupación por el estado de su hijo, quien se encuentra adolorido y ha tenido que someterse a distintos estudios médicos. La situación se tornó más compleja cuando, al llegar a la escuela, Gisela se encontró con que su hijo estaba desfigurado y, a pesar de que le solicitaron firmar un acta, decidió llevarlo directamente a la clínica, priorizando su salud.

El ataque fue grabado en un video que circula entre los alumnos, lo que ha contribuido a la indignación de la comunidad. Los miembros del Centro de Estudiantes han manifestado su preocupación por la minimización del incidente por parte de la institución, así como la solicitud de eliminar los videos que servirían como prueba de lo sucedido. Este hecho plantea interrogantes sobre la cultura de la violencia y la falta de protocolos claros para manejar situaciones de agresión en el entorno escolar.

Además, los estudiantes han señalado que este no es un caso aislado, ya que la violencia en el establecimiento educativo ha sido un problema recurrente. La falta de intervención adecuada por parte del personal docente ha sido objeto de críticas, lo que resalta la necesidad de una revisión y mejora en los protocolos de seguridad y la formación en manejo de crisis para los educadores. La seguridad de los estudiantes debe ser una prioridad, y es crucial que se adopten medidas efectivas para prevenir futuros incidentes.

Finalmente, Nahuel, junto a sus padres, decidió acudir a la Fiscalía 1 del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil para declarar sobre lo ocurrido, a pesar de que no estaba obligado a hacerlo. En su declaración, se reveló que no recordaba con claridad los detalles del ataque hasta que vio el video, lo que pone de manifiesto el impacto psicológico que situaciones de este tipo pueden generar en los jóvenes. La situación actual exige una respuesta contundente de las autoridades educativas y judiciales para garantizar un entorno seguro para todos los estudiantes.