En las últimas dos décadas, Chile ha logrado avances significativos en la calidad del aire, aunque aún enfrenta desafíos considerables en diferentes regiones. Un estudio reciente, realizado por la Universidad de Chile junto al Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), el Ministerio del Medio Ambiente y la Universidad del Desarrollo (UDD), ha puesto de manifiesto que, a pesar de la disminución de contaminantes como el material particulado fino (PM2.5), las disparidades ambientales persisten, especialmente en el sur y en áreas industriales. Este informe, que abarca datos del 2025, subraya la necesidad de abordar estas desigualdades para garantizar un ambiente más saludable para todos los chilenos.
Uno de los hallazgos más preocupantes del análisis es el uso todavía prevalente de leña húmeda en el sur del país, que se identifica como una de las principales fuentes de contaminación atmosférica. Kevin Basoa, del CR2, señala que las regulaciones sobre el uso de leña no se han implementado de manera efectiva y que este combustible es esencial para muchas comunidades, lo que complica la adopción de alternativas más limpias. Además, los factores geográficos y la estabilidad atmosférica típica de la región hacen que la dispersión de contaminantes sea aún más problemática, lo que se traduce en condiciones de aire insalubres que afectan la salud de los residentes.
Por otro lado, las denominadas “zonas de sacrificio” en el norte y centro de Chile continúan siendo un desafío persistente. Aunque se ha observado una reducción general en los niveles de dióxido de azufre (SO₂), episodios agudos de contaminación siguen ocurriendo, especialmente en localidades como Coronel y Talcahuano. Estas áreas, donde la actividad industrial es intensa, requieren una atención urgente para mitigar los efectos adversos de la contaminación sobre la población y el medio ambiente.
En este contexto, el 21 de marzo de 2026, la calidad del aire en Viña del Mar se reporta en niveles aceptables. Según el Índice de Calidad del Aire (ICAP), las mediciones indican que el material particulado 2.5 (MP2.5) se encuentra en 5 µg/m³, mientras que el material particulado 10 (MP10) alcanza 12 µg/m³, lo que clasifica a la ciudad dentro de la categoría de "bueno". Estos datos sugieren que, si bien se han logrado progresos, aún es fundamental mantener políticas efectivas para preservar estos niveles de calidad del aire y evitar retrocesos.
Las autoridades han implementado diversas medidas para controlar la contaminación del aire. Entre ellas, se encuentra la prohibición del uso de calefactores a leña en Santiago y en comunas adyacentes, exceptuando aquellos que utilizan pellets. Asimismo, hay restricciones permanentes para vehículos sin sello verde y para motocicletas que no cumplen con los estándares de emisiones. También se ha prohibido la quema de residuos agrícolas entre el 15 de marzo y el 30 de septiembre, con el fin de reducir la contaminación estacional que afecta a la región metropolitana.
A pesar de los esfuerzos, la situación sigue siendo compleja y las autoridades deben seguir trabajando en la implementación de normativas más estrictas y en la promoción de alternativas más sostenibles para la calefacción y el transporte. La calidad del aire en Chile no solo depende de las regulaciones, sino también de la conciencia y el compromiso de la población en adoptar prácticas más amigables con el medio ambiente. En este sentido, la educación ambiental juega un rol fundamental para sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia de preservar nuestro entorno y asegurar un futuro más saludable para las próximas generaciones.



