La salud de las personas mayores es un tema que ha cobrado relevancia en las últimas décadas, y con la creciente esperanza de vida, se han explorado diversas alternativas para mejorar su calidad de vida. En este contexto, surge la idea de la "prescripción social", un concepto que ya se ha implementado en varios países del mundo y que podría transformar la forma en que se aborda la salud en Argentina, especialmente para quienes superan los 60 años.
La "prescripción social" consiste en recomendar actividades culturales y recreativas como parte del tratamiento médico. Esto incluye desde paseos al aire libre, visitas a museos y teatros, hasta la participación en coros o grupos comunitarios. Aunque en Argentina aún no se ha formalizado este enfoque en el sistema de salud, en naciones como Canadá, Japón, Suiza y Reino Unido, estas prácticas se han integrado con éxito como una herramienta válida para el bienestar físico y mental de los adultos mayores.
El concepto no es completamente nuevo, pero su reconocimiento formal ha tomado tiempo. Hasta hace pocos años, se trataba de una práctica más bien empírica, donde médicos y terapeutas recomendaban estas actividades basados en la intuición y el sentido común. Sin embargo, en 2017, el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) dio un paso crucial al financiar oficialmente este tipo de prescripciones, convirtiéndolas en un componente esencial de su modelo de atención médica.
Recientemente, durante el Primer Congreso Argentino sobre Soledad No Deseada, el médico geriatra Carlos Presman abordó la importancia de este enfoque desde una perspectiva científica. Según él, la soledad se manifiesta como un problema social más que como un simple estado emocional. Presman argumentó que el aislamiento social es un síntoma de una enfermedad que debe ser atendida de manera colectiva, y no solo a través de tratamientos médicos tradicionales. Esta visión destaca la necesidad de intervención comunitaria para combatir la soledad y promover la interacción social entre las personas mayores.
El especialista enfatizó que, a diferencia de lo que se podría pensar, la soledad no tiene sus raíces principalmente en factores genéticos, sino que el entorno físico y social juega un papel fundamental, representando hasta un 60% de la incidencia. Las enfermedades contribuyen en un 30%, mientras que la genética solo un 10%. Esto sugiere que la solución debe ser igualmente social, reforzando la idea de que actividades comunitarias pueden ser una respuesta efectiva para mejorar la salud mental y emocional de los mayores.
Un elemento clave en este modelo es la figura del trabajador de enlace, un profesional que actúa como intermediario entre el paciente y las diversas actividades disponibles. Este individuo se sienta con el paciente, escucha sus necesidades y lo orienta hacia opciones que fomenten su bienestar y conexión social. Aunque este rol ya tiene un reconocimiento en otras latitudes, en Argentina aún está en fase de conceptualización, lo que abre un amplio campo para el desarrollo de políticas públicas y programas que integren estas estrategias.
A medida que la sociedad argentina enfrenta el desafío de una población envejecida, la implementación de la "prescripción social" podría ser un cambio fundamental en el enfoque hacia la salud de los adultos mayores. A medida que más profesionales de la salud y responsables de políticas públicas se interesen por este enfoque, es posible que pronto veamos avances significativos en la inclusión de estas prácticas en el sistema de salud argentino, contribuyendo a una vida más activa y satisfactoria para nuestros mayores.



