En un contexto donde las políticas ambientales de países occidentales se alzan como modelos de progreso, el activista ecuatoriano Darío Iza Pilaquinga lanza una alerta contundente: estos avances se están logrando a expensas de la explotación de los recursos naturales y de las comunidades indígenas en el sur global. Como presidente del Consejo de Gobierno del pueblo Kitu Kara, Pilaquinga ha recorrido varias naciones europeas en busca de respaldos y visibilidad para la crítica situación que enfrenta Ecuador y, en general, Sudamérica.
El activista sostiene que, a pesar de los discursos que promueven la protección del medio ambiente, las realidades en regiones como Sudamérica, África y Asia son muy diferentes. "Las corporaciones occidentales llegan a destruir el territorio de las comunidades indígenas, mientras que se presenta una fachada de respeto por el entorno natural", afirma. Este desequilibrio pone de manifiesto una dinámica de explotación que, según el líder indígena, no solo afecta al medio ambiente, sino que también infringe derechos fundamentales de la población local.
La gira de Pilaquinga por Europa tiene como objetivo visibilizar la problemática que enfrenta su país, que se encuentra en un momento crítico bajo la administración de Daniel Noboa. En este contexto, el activista advirtió sobre el ascenso de la ultraderecha en la región, una tendencia que podría culminar en un aumento de la conflictividad social y política. Su mensaje es claro: lo que sucede en Ecuador no es un problema aislado, sino parte de una tendencia global que requiere atención y acción inmediata.
Mirando hacia la Conferencia de las Partes (COP31), que se llevará a cabo en noviembre en Antalya, Turquía, Pilaquinga critica la intervención de potencias occidentales en América del Sur. Resalta que, mientras en las grandes ciudades europeas se impone el uso de vehículos eléctricos, se ignora el origen de los recursos necesarios para su funcionamiento. El litio, crucial para la fabricación de baterías, proviene de regiones como Bolivia, donde la explotación de recursos naturales ha generado un impacto negativo en las comunidades locales.
El activista también señala que la fuente de energía eléctrica en muchos países europeos está vinculada al carbón extraído en Colombia, un proceso que afecta directamente a las comunidades indígenas y campesinas. Esta relación entre la demanda del norte global y la explotación en el sur revela un patrón de injusticia ambiental que no puede seguir siendo ignorado. Pilaquinga destaca que este extractivismo se lleva a cabo con la complicidad de los gobiernos locales, que se alinean con un modelo de desarrollo que favorece a las empresas transnacionales en detrimento de la población.
La situación en Ecuador es especialmente alarmante, dado que este país fue pionero en reconocer los derechos de la naturaleza, un avance que ahora parece desvanecerse ante la presión de intereses económicos. Según Pilaquinga, desde la llegada de Noboa al poder, se ha incrementado considerablemente la extensión de territorio otorgado a empresas mineras extranjeras, superando ya los 19.000 kilómetros cuadrados desde 1991. Este fenómeno no solo pone en riesgo el medio ambiente, sino que también amenaza la soberanía y los derechos de las comunidades que habitan esas tierras.
En conclusión, la voz de Darío Iza Pilaquinga resuena como un llamado urgente a la reflexión sobre la responsabilidad que tienen los países del norte global en el bienestar de las comunidades del sur. A medida que se avanza en la lucha por un futuro sostenible, es esencial que se reconozcan las injusticias inherentes a las políticas ambientales actuales y se busquen soluciones que prioricen a las personas y su entorno en lugar de los intereses corporativos.



