En La Habana, el uso de la bicicleta ha experimentado un notable aumento, convirtiéndose en una herramienta esencial tras el colapso en el suministro de combustible en la isla. Esta crisis energética, desencadenada por la captura del ex dictador Nicolás Maduro en enero por Estados Unidos, ha llevado a la suspensión de envíos de petróleo venezolano, que había sido la principal fuente de energía para Cuba durante más de dos décadas.
La escasez de gasolina y diésel ha impactado significativamente la vida diaria de los habaneros, quienes se ven obligados a buscar alternativas para sus desplazamientos. Muchos han desempolvado bicicletas guardadas, reparando neumáticos y, en algunos casos, aprendiendo a andar en bicicleta por primera vez. Este fenómeno ha sido impulsado por iniciativas comunitarias como “Aprende a Pedalear”, organizada por Citykleta, que atrajo a un gran número de participantes, superando las expectativas de sus organizadores.
El aumento en los costos del transporte ha transformado a la bicicleta de una simple opción recreativa en una necesidad vital. A medida que la situación se agrava, incluso aquellos que trabajaban en sectores como el taxi han tenido que adaptarse, como es el caso de Yixander Díaz, quien ahora se desplaza en bicicleta para llegar a su trabajo en albañilería. La situación se complica aún más con la prohibición de la venta de diésel y las restricciones en la gasolina, mientras que la producción local de crudo resulta insuficiente para satisfacer la demanda nacional. Ante este panorama, algunos cubanos han comenzado a instalar paneles solares en sus hogares, buscando soluciones innovadoras a la crisis actual.



