Kiko Rivera e Irene Rosales protagonizaron un reencuentro marcado por la cordialidad, varios meses después de haber dejado de verse personalmente durante la entrega de sus hijas. La expareja puso fin a su matrimonio en agosto de 2025 y, desde entonces, su relación estuvo atravesada por desencuentros, cruces de declaraciones y desacuerdos vinculados con la custodia de Ana, de 10 años, y Carlota, de 8.

La situación había llegado a un punto de fuerte tensión, al extremo de que ambos se comunicaban a través de sus abogados. En ese contexto, Irene Rosales también había participado de una campaña publicitaria de Grefusa con una frase que fue interpretada como un dardo contra su exmarido: “Un mix con un mal kiko es un mal mix”.

Sin embargo, el paso del tiempo y el ictus que Kiko Rivera sufrió en julio parecen haber modificado el vínculo. El hijo de Isabel Pantoja acudió a la casa de Irene para recoger a su hija Ana y llegó acompañado por su novia. A diferencia de encuentros anteriores, en los que ambos habían evitado cruzarse, la despedida se desarrolló de manera distendida ante la mirada de Lola García.

Sonriente, Irene se acercó al auto del DJ, que permaneció dentro del vehículo, para despedir a la niña y darle algunas indicaciones. Luego intercambió unas palabras con Lola y se dirigió hacia la parte delantera del automóvil. Finalmente, mediante gestos, le indicó a Kiko que continuarían hablando por teléfono.