Los hogares españoles desperdiciaron 1.101,8 millones de kilos de alimentos durante 2025, de acuerdo con el último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Una parte importante de ese descarte corresponde a productos que no llegaron a ser utilizados ni cocinados, por lo que conservar correctamente los alimentos frescos puede ayudar a reducir tanto el desperdicio como el gasto familiar.
Entre las verduras más delicadas se encuentra el brócoli. Esta hortaliza pertenece a la familia de las crucíferas y es muy perecedera debido a su elevada tasa de respiración. Como consecuencia, puede marchitarse con rapidez y perder calidad en aspectos como el sabor, el aroma, la textura y su composición nutricional.
José Luis Caro, frutero de segunda generación y responsable de la frutería The Fruits of the World, en Pozuelo de Alarcón, explicó cómo conviene conservar esta verdura una vez que llega al hogar. Según señaló, una práctica habitual consiste en guardarla en la heladera con el plástico del supermercado o dejarla sin envoltorio después de abrirla, aunque esas alternativas no serían las más adecuadas para prolongar su vida útil.
El especialista recomienda recurrir al denominado “método florero”, una forma de almacenamiento pensada para mantener el brócoli en mejores condiciones y evitar que se ponga amarillo. “La mayoría de la gente guarda mal el brócoli; para que no se ponga amarillo, utiliza el ‘método florero’”, afirmó Caro.
La conservación adecuada de frutas y verduras resulta especialmente relevante frente al volumen de alimentos que se desechan antes de ser preparados. En el caso del brócoli, prestar atención a la manera en que se guarda permite reducir el deterioro y aprovechar durante más tiempo una hortaliza que pierde frescura con rapidez.



