Los portones deteriorados del ex zoológico de Luján se abrieron para dar paso a una escena inusitada: jaulas dispuestas con precisión, veterinarios internacionales consultando documentos y un equipo de seguridad vigilando cada movimiento. Gordo y Florencia, los osos pardos que llegaron al lugar siendo apenas cachorros, junto a Flora, la tigresa de Bengala, esperaban el final de una historia marcada por el encierro y la tristeza. Este momento significaba el inicio de una despedida anhelada.

La clausura del zoológico, que se llevó a cabo el 21 de febrero de 2020 tras denuncias y serias irregularidades, dejó a numerosos animales en un estado de abandono y descuido. Sin embargo, en medio de esta crisis, defensores de los derechos de los animales y veterinarios se unieron para establecer protocolos que garantizaran su bienestar. Así, el traslado internacional surgió como una oportunidad para ofrecerles una vida digna, algo que les había sido negado desde su llegada a ese lugar.

El lunes 23 de febrero marcó el cierre de semanas de arduo trabajo, tratamientos médicos y una meticulosa coordinación entre equipos locales e internacionales. Finalmente, los tres animales pudieron dejar atrás el sufrimiento y las rejas que habían limitado su existencia. El operativo comenzó en la madrugada, en un ambiente de silencio y tensión, donde los especialistas de la organización Four Paws, junto a veterinarios locales, iniciaron el proceso de traslado hacia contenedores diseñados para largas distancias. Este paso representó el comienzo de una misión que, tras seis años de abandono y denuncias, buscaba poner fin al cautiverio de estos tres urgentes casos.