En el contexto político de Argentina en 1962, el presidente Arturo Frondizi enfrentaba una situación crítica marcada por la inminencia de un golpe militar y la presión constante de un peronismo que, aunque proscripto, seguía vigente en el imaginario colectivo. Con 32 intentos golpistas a sus espaldas, Frondizi se encontraba ante las elecciones de medio término con un clima de incertidumbre que complicaba aún más su gobierno. La campaña electoral se veía influenciada por el lema de los seguidores de Perón, que resonaba con fuerza: "Framini, Anglada, Perón a la Rosada", un recordatorio del poder popular que el peronismo aún podía movilizar, a pesar de las restricciones que enfrentaba.

Arturo Frondizi, nacido en Corrientes hace 50 años, era un abogado destacado que había alcanzado la medalla de oro en la Universidad de Buenos Aires. Su carrera política comenzó en 1946, cuando fue elegido diputado nacional por el radicalismo. En 1951, se presentó como compañero de fórmula de Ricardo Balbín en las elecciones presidenciales. Sin embargo, su trayectoria no estuvo exenta de controversias; en 1956, se fracturó el radicalismo tras la creación de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), mientras que la mayoría de los radicales se alinearon en la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), evidenciando las divisiones internas del partido.

La relación de Frondizi con el peronismo fue compleja. En las elecciones de convencionales constituyentes de 1957, el voto en blanco, representando al peronismo excluido, ganó preponderancia. En una jugada política inesperada, Frondizi pactó con Juan Domingo Perón, quien le pidió a sus seguidores que lo votaran en las elecciones presidenciales de 1958. Sin embargo, a solo once meses de asumir, su vicepresidente, Alejandro Gómez, renunció debido a diferencias en la gestión, lo que intensificó la desconfianza de los sectores militares hacia Frondizi.

El clima de tensión en el país era palpable, ya que, a pesar de que el gobierno podría haber estado funcionando adecuadamente, tanto la oposición como las Fuerzas Armadas se mostraban en contra de la administración de Frondizi. Este descontento llevó al entonces ministro del interior, Alfredo Vítolo, a acuñar la frase “elenco estable del golpismo”, reflejando la percepción de un gobierno acorralado. Como respuesta a las inquietudes del sector militar, Frondizi se vio obligado a adaptar su política exterior, rompiendo relaciones con Cuba y ajustando su postura en función de los intereses de las fuerzas armadas.

La tensión llegó a un punto crítico cuando se programaron elecciones para el 18 de marzo de 1962 en la Capital Federal y diversas provincias, como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, entre otras. En diciembre de 1961 y febrero de 1962, se habían llevado a cabo elecciones en algunas provincias, donde el oficialismo había obtenido resultados favorables, lo que generaba esperanzas en el entorno de Frondizi. En total, se elegirían 86 diputados nacionales y se renovaban varias gobernaciones, además de un sector del Concejo Deliberante porteño, lo que significaba un test crucial para la estabilidad del gobierno.

La provincia de Buenos Aires se perfilaba como el escenario decisivo. Los candidatos del oficialismo, Guillermo Acuña Anzorena y Horacio Zubiri, se preparaban para enfrentar al radicalismo, que había sufrido un duro golpe con la muerte de su candidato, Crisólogo Larralde, quien falleció súbitamente en un acto en Berisso. Este acontecimiento fue un revés significativo para Frondizi, dado que Larralde era considerado un interlocutor clave con el radicalismo y su fallecimiento complicaba aún más las estrategias del oficialismo. En este contexto, el peronismo comenzó a observar el escenario electoral con atención, y aunque su líder, Perón, desde el exilio, parecía inclinarse por instar a sus seguidores a votar en blanco, la opción de presentarse y desafiar la proscripción también estaba sobre la mesa. Este panorama electoral se tornaba cada vez más incierto, con el eco del peronismo resonando en cada rincón del país, desafiando la estabilidad de un gobierno ya debilitado por la presión militar y la falta de apoyo popular.