El pasado viernes 8 de mayo, en su hogar en la capital española, dejó de existir María Elena Fernández Fernández-Vega, Condesa de Latores, a los 83 años. La noticia de su deceso no se dio a conocer hasta este lunes, generando un inevitable luto en los círculos aristocráticos y sociales de España. María Elena era parte de una familia asturiana con una larga tradición en la vida pública del país, y su fallecimiento representa la pérdida de una figura que, aunque mantenía una vida privada discreta, fue un pilar en su entorno familiar y social.
Nacida en Oviedo el 30 de octubre de 1942, María Elena era hija del influyente Sabino Fernández Campo, Conde de Latores y exjefe de la Casa de Su Majestad el Rey durante el reinado de Juan Carlos I. Su padre fue un personaje clave en la historia reciente de España, jugando un papel fundamental en la Transición democrática y en los eventos del 23 de febrero de 1981, cuando se vivió un intento de golpe de Estado en el país. Esta conexión con momentos decisivos de la historia española hizo que la figura de María Elena estuviera marcada por un legado significativo que abarcaba tanto lo familiar como lo institucional.
En el año 2010, tras el fallecimiento de su padre, María Elena asumió el título nobiliario de Condesa de Latores, con Grandeza de España, siguiendo así con una tradición familiar que la vinculaba a una aristocracia con una rica historia. La disposición que formalizó este cambio fue publicada en el Boletín Oficial del Estado, un acto que simbolizaba no solo la continuidad de un título, sino también la preservación de un legado familiar que había sido constituido por generaciones.
A pesar de su título nobiliario, María Elena Fernández siempre fue conocida por su carácter reservado y su preferencia por la vida familiar. Se casó con Sebastián de la Rica, y juntos formaron un hogar unido, donde criaron a cuatro hijos: Elena, Santiago, Pablo y Marta. Además, la Condesa era abuela de ocho nietos y bisabuela de tres pequeños, lo que refleja el profundo valor que otorgaba a los lazos familiares, un aspecto que siempre estuvo presente en su vida y que cuidó con dedicación.
María Elena fue la primogénita de Sabino Fernández Campo y Elena Fernández-Vega Diego, formando parte de una familia numerosa con diez hermanos, de los cuales siete han fallecido. Su vida ha estado marcada por un fuerte sentido de pertenencia a su tierra natal, Asturias, y a su familia, lo que la llevó a mantener un perfil bajo y a concentrarse en preservar su legado familiar y el compromiso social que heredó de su padre.
La condesa será recordada no solo por su título nobiliario, sino también por su dedicación a la familia y su contribución a la sociedad española desde un lugar más íntimo y personal. Su partida deja un vacío en los círculos aristocráticos, pero también un legado que perdurará a través de sus descendientes, quienes continuarán con la historia de la familia Fernández-Vega en el contexto de la aristocracia española. La Condesa de Latores es recordada como una mujer de sólida convicción y un profundo sentido del deber, cuya vida estuvo marcada por la lealtad a los valores familiares y la historia de su país.



