El 6 de marzo de 1976, un artículo en la prensa argentina dio cuenta de un hecho trascendental: la Cámara de Diputados solicitó la extradición de José López Rega, conocido por su influencia en el poder político y como uno de los principales artífices de la Triple A. Este pedido marcaba el inicio del fin del hechizo que había logrado ejercer sobre María Estela Martínez de Perón, a quien había tratado de infundir la esencia de Evita a través de prácticas ocultas.
López Rega, quien había escalado posiciones en el ámbito político hasta hacerse con un considerable poder, se encontraba en la mira de la justicia. Las acusaciones en su contra incluían malversación de fondos, particularmente relacionados con la Cruzada de la Solidaridad y el Ministerio de Bienestar Social. A pesar de sus intentos por mantener un perfil bajo, los indicios apuntaban a que se refugiaba en España, mientras que su socio Carlos A. Villone era buscado en Uruguay.
La comisión investigadora de la Cámara de Diputados, tras reunir pruebas suficientes, decidió actuar. En los próximos días se llevaría a cabo un careo entre los involucrados, lo que podría arrojar luz sobre las numerosas irregularidades financieras y la conexión de López Rega con actos violentos perpetrados por la Alianza Anticomunista Argentina. Este desarrollo no solo representa un avance en la búsqueda de justicia, sino que también marca un capítulo oscuro en la historia política argentina que aún resuena en la memoria colectiva.



