El 5 de marzo de 1988, la ciudad de Mar del Plata se despertó con la devastadora noticia de la muerte de Alberto Olmedo, un ícono del humor argentino. El reconocido comediante perdió la vida al caer desde el balcón de su departamento, ubicado en el edificio Maral 39, en el Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos. A las 7:45 de la mañana, su cuerpo se desplomó frente al edificio, generando una profunda conmoción en la población.

Para las 8:30, las autoridades ya habían acordonado el área, y la triste realidad se confirmaba: el humorista, quien a sus 54 años se encontraba en la cúspide de su carrera y era el alma de la temporada teatral, había fallecido. La escena fue impactante para quienes se encontraban en la zona; los transeúntes, al percatarse de la situación, comenzaron a congregarse, y desde los balcones de los edificios circundantes, los vecinos miraban con incredulidad lo que había sucedido. Horas antes, Olmedo había dejado el escenario tras una exitosa función, regresando a su hogar como lo hacía cada verano.

Para comprender el peso de esta tragedia, es necesario mirar hacia atrás en la vida de Olmedo, quien nació en Rosario y forjó su carrera en un contexto popular que influyó en su estilo. Antes de convertirse en un referente del entretenimiento nacional, trabajó en diversos oficios y su llegada a la televisión fue casi accidental. Desde sus inicios, su humor físico, su agilidad mental y su conexión natural con el público lo distinguieron. En Buenos Aires, durante la expansión de la televisión, su estilo rompió con lo convencional, sorprendiendo y cautivando a una audiencia que lo consagró como una figura insustituible del espectáculo argentino, tanto en televisión como en el teatro de revista, especialmente en la temporada de verano en Mar del Plata.