Un estudio realizado sobre más de 2.700 personas nacidas en marzo de 1946 relacionó las dificultades económicas prolongadas durante la adultez con un peor desempeño posterior en pruebas cognitivas y de memoria. El grupo aceptó que su salud y sus circunstancias sociales fueran observadas durante décadas, lo que permitió analizar la evolución de esas condiciones a lo largo de la vida.

Según el trabajo, las personas que integraron el 20% de menores ingresos entre los 25 y los 50 años obtuvieron resultados más bajos en evaluaciones cognitivas y de memoria durante la mediana edad. También se registró un rendimiento inferior entre quienes informaron haber tenido problemas para pagar sus facturas al menos dos veces entre los 30 y los 40 años.

El artículo fue publicado en la revista Innovation in Aging. Sus autores señalaron que la asociación se mantuvo incluso después de considerar las desventajas atravesadas durante la infancia y las diferencias educativas y cognitivas registradas en esa etapa. A partir de esos datos, plantearon que el estrés financiero acumulado en la vida adulta podría haber contribuido a los efectos observados en la salud cerebral.

La investigación también indicó que, en las etapas posteriores de la vida, el deterioro cognitivo avanzó más lentamente entre las personas con dificultades económicas que entre aquellas con mayores recursos. Los investigadores consideraron que este resultado podría explicarse porque parte del daño ya se habría producido anteriormente, por lo que quedaba menos margen de deterioro adicional. El material disponible no incluye la declaración completa de la profesora Arline Geronimus, de la Universidad de Michigan, quien no participó en el estudio.