Los deslizamientos de tierra son fenómenos naturales que se producen cuando una masa de rocas, tierra o escombros se desliza por una pendiente. Este evento puede ocurrir de manera repentina o desarrollarse a lo largo de varios días, dependiendo de las condiciones del terreno y de factores externos. La inestabilidad de las laderas provoca el movimiento de grandes volúmenes de material hacia áreas más bajas, lo que representa una amenaza para la infraestructura, la vida humana y el medio ambiente en diversas regiones del planeta.

Especialistas en geociencias explican que estos deslizamientos se producen cuando la fuerza de gravedad supera la resistencia de la pendiente. Recientes estudios han identificado que factores como lluvias intensas, erosión, cambios en la composición del suelo y actividades humanas incrementan la probabilidad de que se produzcan estos eventos. La saturación del suelo por agua y la pérdida de vegetación, junto con alteraciones causadas por obras civiles, afectan el equilibrio natural del terreno, favoreciendo así el colapso.

Los deslizamientos se clasifican en diferentes categorías según el tipo de movimiento que presentan, incluyendo caídas, derrumbes, deslizamientos rotacionales o traslacionales y flujos. Un mismo evento puede combinar varios de estos movimientos, lo que dificulta su predicción y gestión. Históricamente, estos procesos han impactado tanto en áreas terrestres como submarinas, ocasionando daños significativos en distintas partes del mundo. Además, el agua juega un rol fundamental en la ocurrencia de deslizamientos, ya que su infiltración añade peso al material y disminuye la fricción entre partículas, facilitando el desplazamiento y aumentando la vulnerabilidad de las laderas.

La erosión en la base de las pendientes también es un factor crucial. Ríos, mareas y actividades humanas pueden desgastar la base de una ladera, haciéndola inestable. El ángulo de inclinación de la pendiente está directamente relacionado con el riesgo de deslizamientos, ya que un mayor grado de inclinación incrementa esta probabilidad. Asimismo, la composición del terreno, incluyendo el tipo de roca y su disposición, influye en la cohesión del suelo. Procesos de meteorización, como la acción del hielo, pueden disminuir esta cohesión y aumentar la susceptibilidad a deslizamientos, especialmente cuando se elimina la vegetación que actúa como un anclaje natural.