Idrissa Diop, un bailarín senegalés, llegó a Argentina en 2018 con un conocimiento muy limitado del español; únicamente podía pronunciar la palabra "sí". Su intención inicial era permanecer en el país solo tres meses para realizar una gira, pero un contratiempo con su pasaporte lo obligó a quedarse. Ocho años más tarde, Idrissa se siente parte de la comunidad porteña y ha convertido su pasión por el baile en su principal actividad, enseñando sabar, la danza tradicional de su país, en distintas plazas de la ciudad.

En la plaza General Francisco Ramírez, ubicada en el barrio Belgrano, Idrissa imparte sus clases los miércoles, donde convoca a sus alumnos a través de las redes sociales. A pesar del calor y las vacaciones, que han disminuido la asistencia, su entusiasmo permanece intacto. "Si vienes, bailo. Si no vienes, también bailo. Eso es lo que hace un profesor", expresa con confianza. Para él, el movimiento es esencial, y su objetivo es mantener viva su cultura y su arte en un país que no es el suyo.

Idrissa Diop, nacido en Thiès, Senegal, el 16 de julio de 1990, es el segundo de siete hermanos. Su trayectoria comenzó en el fútbol, pero finalmente se inclinó por la danza, profesionalizándose a los 20 años. Participó en diversas agrupaciones culturales antes de ser invitado a una gira por América Latina. Su llegada a Argentina marcó el inicio de un camino lleno de desafíos, desde aprender el idioma hasta trabajar como vendedor ambulante. Hoy, su sueño es convertirse en un embajador del sabar, compartiendo su rica cultura con los argentinos.