El fenómeno de la independencia juvenil en Argentina se enfrenta a serios desafíos, con un 40% de jóvenes entre 25 y 35 años que aún residen en el hogar familiar. Este problema, que se ha consolidado a nivel nacional, se debe principalmente a la dificultad para acceder a viviendas, la escalada de precios en los alquileres y la escasez de créditos hipotecarios, según la politóloga especialista en políticas urbanas, María Migliore.
La situación se agrava por una combinación de factores económicos y sociales que obstaculizan la autonomía de los jóvenes. La falta de salarios que se ajusten al aumento de los alquileres, junto con la alta informalidad en el empleo, impide que muchos cumplan con los requisitos necesarios para alquilar o comprar una vivienda. Este panorama se ha vuelto especialmente crítico en la última década, afectando a jóvenes de diversas clases sociales y no limitándose solo a las grandes ciudades.
Migliore destaca que el costo de los alquileres se ha vuelto insostenible, señalando que en la Ciudad de Buenos Aires, el alquiler de un monoambiente alcanza los $500.000 mensuales, mientras que el salario promedio de un joven es de $900.000. Esto implica que más del 50% de sus ingresos se destina a la renta, lo que deja poco espacio para el ahorro y limita las oportunidades de planificación financiera a futuro. La situación convierte lo que antes era un paso normal hacia la adultez en un privilegio para unos pocos.



