La propuesta para reparar y extender un sector problemático de la Cross Bronx Expressway ha generado una fuerte oposición entre los residentes del Bronx. La historia de esta autopista ha estado marcada por la contaminación y el aumento de casos de asma, afectando especialmente a quienes viven en las cercanías. Las comunidades locales están exigiendo que los 900 millones de dólares destinados a esta obra se utilicen en mejorar el transporte público y la calidad de vida, en lugar de ampliar una vía que ya impacta negativamente en su entorno.
El Departamento de Transporte del Estado de Nueva York está considerando tres alternativas para la reparación de puentes en un tramo de 1,6 kilómetros de la autopista, que va desde Rosedale Avenue hasta Boston Road. Todas las opciones implican un ensanchamiento de la calzada, lo que llevaría el tráfico y la contaminación aún más cerca de importantes complejos residenciales, como los Bronx River Houses. Esto ha suscitado preocupaciones entre los vecinos, quienes temen que se agraven los problemas sanitarios y de calidad de vida, ya de por sí críticos en la zona.
Entre las propuestas se incluyen la creación de una vía peatonal y ciclista de aproximadamente 9 metros, que se utilizaría durante la construcción y luego se adaptaría para el uso comunitario. Sin embargo, los costos de estas opciones superarían los 800 millones de dólares cada una. La oposición a la ampliación ha sido contundente, con voces como la de Siddhartha Sánchez de Bronx River Alliance, quien subrayó el daño histórico que ha causado la autopista en la comunidad. La historia de la Cross Bronx Expressway, diseñada por Robert Moses en la década de 1940, refleja una serie de decisiones que han dejado huellas duraderas en los barrios más vulnerables, donde la autosuficiencia y la salud de sus residentes se han visto comprometidas.



