Con el paso del tiempo, la flexibilidad puede disminuir y provocar rigidez en los músculos y las articulaciones. Sin embargo, mantener una rutina de movimiento puede ayudar a evitar o atenuar ese deterioro, incluso cuando ya aparecen algunas limitaciones.

La doctora Lauren Elson explicó que permanecer demasiado tiempo sentado y con poca actividad puede generar tensión en los músculos de las caderas, las piernas y las pantorrillas. Esa rigidez puede reducir la movilidad de distintas zonas del cuerpo y aumentar el riesgo de caídas y lesiones. También puede dificultar acciones cotidianas como agacharse para levantar un objeto o elevar los brazos por encima de la cabeza.

Para contrarrestar esos efectos no es necesario realizar ejercicios intensos. La regularidad y la constancia son los aspectos más importantes. Portia Page, profesora de pilates, señaló que a partir de los 60 años la flexibilidad puede mejorar mediante ejercicios profundos que involucren todo el cuerpo, realizados entre tres y cinco veces por semana o incluso a diario.

La especialista también destacó la importancia de incorporar estiramientos a la rutina cotidiana. Según su explicación, esta práctica favorece una mayor movilidad y puede ayudar a reducir la rigidez ya instalada. En ese marco, recomendó el pilates como una disciplina que contribuye a mantener el cuerpo activo y las articulaciones en movimiento.