En Argentina, el cohousing para adultos mayores se presenta como una alternativa novedosa que, aunque aún está en una fase incipiente, ha comenzado a captar la atención de quienes buscan un modelo de vida más comunitario y autónomo en su etapa dorada. Luis Freidzon, un defensor de esta iniciativa, expresa en su "Proyecto para una vida comunitaria de adultos mayores" la necesidad de repensar cómo se cuida y acompaña a los mayores en un contexto donde muchos de ellos enfrentan la dificultad de mantener su autonomía. En la actualidad, muchos adultos mayores dependen de la asistencia de hijos o familiares, quienes también enfrentan sus propios desafíos al cuidar de padres que, a menudo, superan los 80 años.

El cohousing senior, un concepto que nació en Dinamarca en los años 70, propone un modelo que combina la vida independiente con la integración social. En lugar de residencias geriátricas, donde los mayores suelen perder su autonomía, el cohousing ofrece la posibilidad de vivir en apartamentos privados dentro de una comunidad gestionada por sus propios miembros. Esto significa que los residentes tienen la libertad de tomar decisiones sobre su vida cotidiana y participar en la organización de actividades y servicios, algo que, como señala Paco, un residente de Trabensol en España, es fundamental para preservar la calidad de vida.

Este modelo no solo promueve la autogestión, sino que también fomenta un estilo de vida socialmente activo. Las actividades pueden ser tanto planificadas como espontáneas, y lo más importante, se realizan en un entorno donde la soledad se reduce al mínimo gracias a la convivencia con pares. En este sentido, el diseño de los espacios comunes, como pasillos y áreas recreativas, está pensado para facilitar la interacción diaria entre los residentes, creando un ambiente propicio para la comunicación y el apoyo mutuo.

Desde el punto de vista económico, el cohousing senior también presenta ventajas significativas. A pesar de que cada residente mantiene su independencia financiera, el uso compartido de áreas comunes permite una optimización de costos, lo que puede ser especialmente relevante en un contexto donde los gastos de salud y vivienda son cada vez más elevados. Además, la vida comunitaria genera un sentido de pertenencia y solidaridad, aspectos que resultan clave para el bienestar emocional de los adultos mayores.

Sin embargo, en Argentina, la implementación de este modelo aún enfrenta desafíos. A pesar de que existen experiencias como el edificio Vida Linda, ubicado en Belgrano y construido en la década de los 50, el desarrollo del cohousing senior como una opción viable para muchos sigue siendo un proyecto más que una realidad consolidada. Vida Linda, que permite a sus residentes disfrutar de actividades recreativas y una vida social activa, ha demostrado que es posible brindar un espacio donde los adultos mayores puedan vivir con dignidad y autonomía, pero estas iniciativas son aún escasas en el país.

Freidzon destaca que la experiencia de Vida Linda ha sido positiva y que los visitantes suelen sorprenderse al descubrir que no se trata de un geriátrico, sino de un lugar donde los mayores pueden disfrutar de su vida plenamente. Este tipo de espacios, que priorizan la autovalencia y la integración social, podrían ser la clave para construir un futuro más inclusivo y humano para los adultos mayores en Argentina. En un contexto donde la población envejece y la demanda de servicios adecuados crece, el cohousing senior podría convertirse en una solución innovadora que permita a los mayores vivir con calidad y en comunidad, enfrentando juntos los desafíos de la vida diaria.