En una manifestación que reunió a cientos de campesinos en El Limón, Panamá, la comunidad se alzó este sábado en contra de la construcción de un nuevo embalse en la cuenca del río Indio. La mayoría de los participantes, que llegaron a caballo y a pie, expresaron su descontento por la amenaza que representa el proyecto para sus tierras y su modo de vida. Los manifestantes defienden la importancia de la naturaleza y sostienen que la propuesta del embalse les arrebataría su hogar y sus medios de subsistencia, ya que el lago que se crearía inundaría sus propiedades.
El embalse proyectado se ubicará en la provincia de Coclé, donde el río Indio nace y avanza hasta desembocar en el Caribe, en la provincia de Colón. En esta región, se encuentran pequeñas comunidades de campesinos que dependen en gran medida de la agricultura de subsistencia y la ganadería. Esta situación los convierte en los principales afectados por un proyecto que, según las autoridades, busca garantizar el suministro de agua al Canal de Panamá y a gran parte de la población del país, incluida la capital.
La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha presentado un plan que implica una inversión de 1.500 millones de dólares, de los cuales 1.000 millones se destinarían a la infraestructura del embalse y 500 millones a la reubicación de unas 2.000 personas que se verían impactadas. Sin embargo, los residentes de El Limón han manifestado su rechazo a la reubicación, argumentando que las nuevas tierras ofrecidas no son aptas para la agricultura y no permitirían mantener su estilo de vida.
Las pancartas que los manifestantes llevaban reflejaban su descontento: "No al embalse de río Indio", "Quieren dinero, nosotros queremos vida", y "El embalse y la minería, la misma porquería", eran solo algunas de las consignas que resonaban en el aire mientras los protestantes recorrían la zona. La marcha se desarrolló en un ambiente de tranquilidad, a pesar de la tensión que genera el tema en la comunidad.
Claudino Domínguez, un agricultor de 65 años que ha vivido en El Limón durante más de cuatro décadas, compartió su preocupación por el impacto del proyecto en su vida y la de sus vecinos. "La felicidad de nosotros es el campo", afirmó Domínguez, quien posee 30 hectáreas de tierra. Su rechazo a la reubicación es firme, ya que considera que los nuevos terrenos propuestos por las autoridades son inadecuados para cultivar y obtener el sustento necesario. Además, se ha negado a participar en el censo que realiza el Canal, pues considera que hacerlo sería aceptar la propuesta.
Por su parte, Maricel Sánchez, una madre de dos hijas de 25 años y residente de El Limón desde hace ocho, también se expresó en contra del embalse. "Este proyecto atenta contra la vida de las personas, el futuro de nuestros hijos y el medio ambiente", señaló Sánchez. A pesar de haber asistido a reuniones organizadas por la ACP sobre el desarrollo del proyecto, ella sostiene que las opciones de reubicación no son viables, ya que las tierras propuestas no tienen la misma fertilidad que las que actualmente poseen.
La situación en El Limón pone de manifiesto la tensión entre el desarrollo de infraestructura y la protección de los modos de vida de comunidades vulnerables. Mientras que el gobierno argumenta que el embalse es fundamental para asegurar el abastecimiento de agua en los próximos 50 años, los campesinos reclaman un enfoque que respete sus derechos y su conexión con la tierra. La lucha de estos grupos locales resuena no solo en Panamá, sino en muchas partes del mundo donde las grandes obras de infraestructura chocan con los intereses de comunidades que han habitado esas tierras durante generaciones.



