El pasado 2 de marzo se conmemoró una década desde el asesinato de Berta Cáceres, un crimen que se destaca como el femicidio ambiental más representativo de América Latina. Su hogar, que está siendo remodelado para convertirse en un museo y santuario, es un símbolo de resistencia y memoria. En este lugar, su legado sigue vivo, recordando su lucha por la defensa del medio ambiente y los derechos humanos.

La celebración del aniversario se llevó a cabo en La Esperanza, Intibucá, y en el centro Utopía, donde amigos, familiares, campesinos, feministas y delegaciones internacionales se reunieron para rendir homenaje a su vida y obra. La emotividad del evento se vio reflejada en las charlas, rituales y actividades que resaltaron la importancia de su legado en la lucha contra la contaminación y las injusticias sociales.

Entre los momentos más conmovedores de la jornada, su hijo Salvador expresó con orgullo el compromiso de continuar la misión de su madre, destacando los avances hacia la justicia a pesar de las adversidades. Sin embargo, la lucha por la verdad y la justicia sigue siendo desafiante, con numerosas agresiones reportadas contra los defensores de derechos humanos en Honduras, lo que pone de manifiesto la peligrosidad de su labor en la defensa del territorio y el medio ambiente.