El comienzo de un nuevo ciclo escolar es un momento que nos remite a nuestra primera experiencia en las aulas. Este renovado inicio plantea la necesidad de reflexionar sobre los cambios urgentes que la educación requiere. Las instituciones educativas desempeñan un papel fundamental como organizadoras sociales, estableciendo normas y creando un ambiente que impacta incluso a quienes no participan directamente en la vida escolar.
Sin embargo, los comienzos de clases suelen verse empañados por tensiones y conflictos que los adultos no hemos sabido resolver. Este año, los anuncios de paros para los próximos días parecen confirmar que la incertidumbre es una constante en el regreso a las aulas. Los desafíos que enfrentan tanto las escuelas como los educadores son cada vez más numerosos y complejos, mientras que el sistema educativo se mantiene en gran medida anclado en una realidad que ya no responde a las necesidades actuales de los estudiantes.
Es fundamental que, en lugar de quedarnos atrapados en discusiones sobre normativas y condiciones laborales, empecemos a mirar hacia el futuro que nuestros jóvenes desean. La educación no puede seguir siendo un mero reflejo del pasado; debe adaptarse a las nuevas realidades y demandas sociales. Cada inicio de clases representa no solo una oportunidad para los alumnos, sino también un nuevo desafío para la nación en su conjunto. La evidencia demuestra que una educación de calidad es la clave para el progreso social y económico. No podemos seguir buscando culpables; es hora de una reflexión profunda como sociedad y de trabajar juntos para construir un futuro mejor para todos.



