Un reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) revela que la disminución de la mortalidad infantil ha experimentado una desaceleración significativa, con una reducción de más del 60% desde 2015. En el año 2024, más de 100.000 niños de entre uno y 59 meses perdieron la vida por desnutrición aguda, aunque se estima que el número real de decesos puede ser mayor, ya que la desnutrición afecta el sistema inmunológico y aumenta el riesgo de enfermedades fatales. La ONU subraya que muchos de estos casos no son registrados adecuadamente en las estadísticas de mortalidad infantil, especialmente al excluir a los recién nacidos de menos de un mes.

El informe destaca que, a pesar de los avances logrados desde el año 2000, cuando se logró reducir a más de la mitad el número total de muertes de niños menores de cinco años, entre 2015 y 2024 se ha observado una notable desaceleración en los progresos. UNICEF estima que cerca de 2,3 millones de muertes en este grupo etario corresponden a recién nacidos, y enfatiza que muchas de estas tragedias podrían ser evitadas con intervenciones de bajo costo y un acceso mejorado a servicios de salud de calidad.

En términos geográficos, el informe indica que en 2024, el 58% de las muertes infantiles globales se concentraron en África subsahariana, mientras que Asia meridional representó el 25%. En contraste, la proporción de muertes infantiles por enfermedades infecciosas ha disminuido al 9% en Europa y América del Norte, y al 6% en Australia y Nueva Zelanda. Esta disparidad se relaciona con un acceso desigual a servicios sanitarios efectivos, lo que pone de manifiesto la necesidad urgente de abordar estas inequidades para mejorar la salud infantil a nivel mundial.