Leslie Lundquist, de 68 años y originaria de Sheridan, recibió un diagnóstico de cáncer de riñón en 2024, que posteriormente se complicó con la aparición de dos tumores cerebrales. Tras enterarse de que su enfermedad avanzaba y que necesitaría cuidados paliativos, decidió emprender un viaje a su playa favorita junto a sus hijos. Durante una caminata por la orilla, Leslie encontró un flotador de vidrio artesanal en tonos morados, que curiosamente coincidía con el gorro que llevaba puesto.

Acompañada de su familia, Leslie inicialmente pensó que su descubrimiento había sido una sorpresa organizada por sus seres queridos para levantar su ánimo. Sin embargo, el flotador que encontró es parte del programa Finder’s Keepers, que cada año esconde más de 3.000 piezas de vidrio artesanal a lo largo de la costa de Lincoln City, en Oregón. Estas obras, inspiradas en flotadores tradicionales japoneses, son elaboradas por artistas locales y distribuidas por voluntarios conocidos como “Float Fairies”.

Ashley Brunner, la hija de Leslie, había contactado previamente a la artista Kayla Moore, responsable de la creación de la esfera, para solicitar una pieza conmemorativa. No obstante, la propia Moore confirmó que el hallazgo fue completamente casual, describiendo el momento como un regalo del océano para Leslie. Para la familia Lundquist, este descubrimiento simbolizó un rayo de esperanza en medio de la adversidad. En el mismo día, otros miembros de la familia también encontraron sus flotadores. Leslie, visiblemente emocionada, compartió lo significativo que fue el momento para ella.