La autopsia realizada al pequeño Ángel López, de tan solo cuatro años, ha revelado un panorama desgarrador: más de 20 lesiones en su cabeza que sugieren un posible caso de maltrato infantil. Entre los hallazgos más preocupantes se destacan 21 hematomas en el cuero cabelludo y subgaleales, así como una hemorragia subaracnoidea cerebral de amplio alcance. Adicionalmente, se identificó un edema cerebral difuso y una herniación cerebral, lo que indica una lesión global que podría haber sido la causa de su fallecimiento. Estos descubrimientos han llevado a las autoridades a solicitar la detención de Mariela Beatriz Altamirano y Michel Kevin González, la madre y el padrastro del niño, en un caso que ha conmocionado a la comunidad de Comodoro Rivadavia.

La Fiscalía, encabezada por el fiscal general Facundo Oribones y la funcionaria Diana Florencia Guzmán, ha comenzado a reunir evidencias que apuntan a que las lesiones no se habrían producido por golpes directos, como puñetazos o patadas, sino que podrían estar relacionadas con el denominado “síndrome del sacudón”. Este fenómeno, que se manifiesta frecuentemente en bebés y niños pequeños, ocurre cuando un adulto sacude al infante con fuerza, provocando que su cerebro colisione contra el cráneo. Las secuelas de este tipo de maltrato pueden ser devastadoras, incluyendo lesiones cerebrales, hemorragias retinianas y, en el peor de los casos, la muerte.

Las pruebas forenses están en curso, y se espera la llegada de estudios complementarios, entre ellos un análisis de la retina. Este examen es crucial, ya que en casos de fallecimiento por síndrome del sacudón, es común encontrar indicios en la membrana interior del ojo. La eventual confirmación de estos hallazgos podría ser fundamental para establecer la causa del trágico deceso del niño y, por ende, la responsabilidad de los adultos a su cargo.

El informe de autopsia, elaborado por la médica forense Natalia Gómez, también ha documentado otras lesiones de antigua data que no parecen estar vinculadas con la muerte del menor. Entre ellas se encuentran tres cicatrices: una lineal de 1.5 cm en la región frontal derecha, otra triangular de 1 cm en la parte dorsal del tórax y una más lineal de 1 cm en la región submandibular derecha. Estos antecedentes podrían aportar información crucial sobre la historia médica del niño.

Además, los peritos han indicado que algunas de las lesiones que se encontraron pueden ser atribuidas a las maniobras de reanimación realizadas por los médicos en un intento de salvar la vida de Ángel. Durante su internación, se llevó a cabo una tomografía computarizada (TAC) que evidenció un edema cerebral difuso y generalizado, asociado a la herniación del tronco cerebral y de las amígdalas cerebelosas, lo cual se correlaciona con los hallazgos de la autopsia. Estos datos son alarmantes y subrayan la gravedad de su estado de salud en el momento de su ingreso al hospital.

Los especialistas han señalado que esta herniación cerebral, consecuencia de un edema cerebral generalizado, representa una emergencia neurológica. Las causas de tal condición pueden ser variadas, desde traumatismos craneoencefálicos hasta infecciones severas, lo que abre la puerta a múltiples líneas de investigación. La compresión de estructuras vitales en el foramen magno, que se produce por la herniación de las amígdalas cerebelosas y el tronco cerebral, es lo que finalmente puede llevar a la muerte del paciente. Este trágico caso de Ángel López no solo resalta la vulnerabilidad de los niños, sino que también plantea interrogantes sobre la protección y el bienestar infantil en la sociedad actual.