La edad en sí no es el problema, sino los hábitos que adquirimos a lo largo de los años, sostiene Mario Alonso Puig, médico y conferencista, quien se centra en la salud de los adultos mayores. En sus charlas, Puig destaca que el llamado “declive humano” se produce cuando se repiten rutinas que, de manera silenciosa, van desgastando la vitalidad de la persona.

Estas costumbres, que a menudo se consideran normales en el proceso de envejecimiento, en realidad pueden ser perjudiciales. Según Puig, son hábitos casi automáticos que, sin que nos percatemos, pueden robarnos energía, claridad mental y la posibilidad de disfrutar plenamente esta etapa de la vida. A partir de los 65 o 70 años, muchas personas experimentan un cambio sutil en su mentalidad, donde el cerebro empieza a aceptar que ya no son los protagonistas de su propia historia.

Puig advierte que esta situación no es consecuencia de una enfermedad o depresión, sino de un fenómeno más peligroso: la resignación. Esta aceptación puede llevar a un deterioro físico y mental que se manifiesta en debilidad muscular, problemas de memoria y pérdida de motivación. El sedentarismo, en particular, es un hábito que puede tener repercusiones severas, como la pérdida de masa muscular y un mayor riesgo de caídas. Sin embargo, el simple acto de caminar durante 30 minutos varias veces a la semana puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida de los mayores, fomentando no solo su salud física, sino también su bienestar emocional.